lunes, 10 de febrero de 2014

Leemos el Quijote: Capítulo V

http://librosquehayqueleer-laky.blogspot.com.es/2013/12/en-2014-leemos-el-quijote.html?utm_source=feedburner&utm_medium=feed&utm_campaign=Feed:+blogspot/tBFTo+(Libros+que+hay+que+leer)

Sigue el pobre don Quijote apaleado y sin poder levantarse. Tendido en el suelo, empieza a recitar versos del romance de Baldovinos y el marqués de Mantua. En este romance, Baldovinos, gravemente herido, fue rescatado por el marqués, su tío. Así, don Quijote se identifica con ese héroe romancero y cuando ve aparecer a un vecino labrador suyo, lo confunde con el propio marqués de Mantua.

Don Quijote creyó sin duda que aquel era el marqués de Mantua su tío, y así no le respondió otra cosa sino fue proseguir en su romance, donde le daba cuenta de su desgracia y de los amores del hijo del Emperante con su esposa, todo de la misma manera que el romance lo canta. El labrador estaba admirado oyendo aquellos disparates, y quitándole la visera, que ya estaba hecha pedazos de los palos, le limpió el rostro que lo tenía lleno de polvo; y apenas le hubo limpiado, cuando le conoció y le dijo: señor Quijada (que así se debía de llamar cuando él tenía juicio, y no había pasado de hidalgo sosegado a caballero andante) ¿quién ha puesto a vuestra merced de esta suerte? Pero él, seguía con su romance a cuanto le preguntaba.
 El pobre labrador, un tanto asustado ante la locura de don Quijote, lo ayudará a levantarse y lo llevará de vuelta a su hacienda. Sintiéndose preso Don Quijote se acordará de algunos de los versos de La Diana de Jorge de Montemayor, que le venían bien para ese momento.
A esto respondió el labrador: mire vuestra merced, señor, ¡pecador de mí! que yo no soy don Rodrigo de Narváez, ni el marqués de Mantua, sino Pedro Alonso, su vecino; ni vuestra merced es Baldominos, ni Abindarráez, sino el honrado hidalgo del señor Quijada; yo sé quien soy, respondió Don Quijote, y sé que puedo ser, no sólo los que he dicho, sino todos los doce Pares de Francia, y aún todos los nueve de la fama, pues a todas las hazañas que ellos todos juntos y cada uno de por sí hicieron, se aventajarán las mías.

Y llega el sufrido labrador al pueblo por fin, pero espera al anochecer, para que nadie vea al pobre hidalgo en esas condiciones, para llevarlo a su casa, donde se encuentra la siguiente escena:

Seis días ha que no parecen él, ni el rocín, ni la adarga, ni la lanza, ni las armas. ¡Desventurada de mí! que me doy a entender, y así es ello la verdad como nací para morir, que estos malditos libros de caballerías que él tiene, y suele leer tan de ordinario, le han vuelto el juicio; que ahora me acuerdo haberle oído decir muchas veces hablando entre sí, que quería hacerse caballero andante, e irse a buscar las aventuras por esos mundos. Encomendados sean a Satanás y a Barrabás tales libros, que así han echado a perder el más delicado entendimiento que había en toda la Mancha. La sobrina decía lo mismo, y aún decía más: sepa, señor maese Nicolás, que este era el nombre del barbero, que muchas veces le aconteció a mi señor tío estarse leyendo en estos desalmados libros de desventuras dos días con sus noches: al cabo de los cuales arrojaba el libro de las manos, y ponía mano a la espada, y andaba a cuchilladas con las paredes; y cuando estaba muy cansado, decía que había muerto a cuatro gigantes como cuatro torres, y el sudor que sudaba del cansancio decía que era sangre de las feridas que había recibido en la batalla; y bebíase luego un gan jarro de agua fría, y quedaba sano y sosegado, diciendo que aquella agua era una preciosísisma bebida que le había traído el sabio Esquife, un grande encantador y amigo suyo. Mas yo me tengo la culpa de todo, que no avisé a vuestras mercedes de los disparates de mi señor tío, para que lo remediaran antes de llegar a lo que ha llegado, y quemaran todos estos descomulgados libros (que tiene muchos), que bien merecen ser abrasados como si fuesen de herejes. Esto digo yo también, dijo el cura, y a fe que no se pase el día de mañana sin que de ellos no se haga auto público, y sean condenados al fuego, porque no den ocasión a quien los leyere de hacer lo que mi buen amigo debe de haber hecho.
Y así termina la primera salida de nuestro don Quijote. Por fin descansa en su cama porque solo reposo necesita. Pero no puede evitar contar todas sus hazañas al cura, quien toma la decision de acabar rápidamente con los libros que tanto daño han causado en la mente de nuestro caballero. Pero eso será ya en el siguiente episodio.

11 comentarios:

Angela Leon dijo...

Este pobre va a terminar como el rosario de la aurora :)

Bs.

albanta dijo...

Ya veremos que le depara a este personaje.

Marilú CuEnTaLiBrOs dijo...

Avanzando por las páginas y capítulos, los libros, los libros, pobre Quijote! :P
Besos

Sara dijo...

Pobre don Quijote, lo que no le pase a él...
Besos:)

samarkanda dijo...

Que reponga fuerzas porque a ver qué hace cuando vea sus libros en una pira.
Un saludo.

Aglaia Callia dijo...

Nunca lo hubiera pensado, pero este personaje me está fascinando y me alegra mucho.

Besos.

Mariuca BOLAÑOS dijo...

Es un personaje muy entrañable, pero no deja de dar pena. En fin sigo repasando con vosotros.
Un saludo.

Manuela dijo...

Estoy encantada con esta lectura.

L.I.M dijo...

Me acuerdo de este capítulo, todos pensaban que el pobre hombre estaba como una regadera,aunque ciertamente es que lo estaba.
Besos!

Leticia Carmen Cabas Martel dijo...

Nunca me he leido nada del quijote, pensando que no lo iba a entender pero mira tu por donde no es tan dificil. Un beso enorme.

Felices lecturas!!!

Lesincele dijo...

Ya nos contarás qué tal continua jeje
Un beso!