lunes, 19 de mayo de 2014

Leemos el Quijote: Capítulo XIX


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Buen inicio el de este capítulo, con un Sancho, que busca razones para justificar la mala suerte que les acompaña en sus aventuras. Un Sancho que va ya mostrando rasgos de quijotización...

Paréceme, señor mío, que todas estas desventuras que estos días nos han sucedido, sin duda alguna han sido pena del pecado cometido por vuestra merced contra la orden de caballería, no habiendo cumplido el juramento que hizo de no comer pan a manteles ni con la reina folgar, con todo aquello que a esto se sigue y vuestra merced juró de cumplir, hasta quitar aquel almete de Malandrino, o como se llama el moro, que no me acuerdo bien. Tienes mucha razón, Sancho, dijo Don Quijote; mas para decirte verdad, ello se me había pasado de la memoria y también puedes tener por cierto que por la culpa de no habérmelo tú acordado en tiempo, te sucedió aquello de la manta; pero yo haré la enmienda, que modos hay de composición en la orden de la caballería para todo. ¿Pues juré yo algo por dicha? respondió Sancho. No importa que no hayas jurado, dijo Don Quijote; basta que yo entiendo que de participantes no estás muy seguro, y por sí o por no, no será malo proveernos de remedio. Pues si ello es así, dijo Sancho, mire vuestra merced, no se le torne a olvidar ésto como lo del juramento; quizá les volverá la gana a los fantasmas de solazarse otra vez conmigo, y aún con vuestra merced, si le ven tan pertinaz.

Vuelve don Quijote a equivocarse. Si en el capítulo anterior confundió un rebaño de ovejas y carneros con ejércitos, en esta ocasión, al amparo de la noche, tomará a un grupo de sacerdotes que transportan un féretro por fantasmas. Y no dudará en atacarlos.

...descubrieron muchos encamisados, cuya temerosa visión de todo punto remató el ánimo de Sancho Panza, el cual comenzó a dar diente con diente como quien tiene frío de cuartana; y creció más el batir y dentellear cuando distintamente vieron lo que era, porque descubrieron hasta veinte encamisados, todos a caballo, con sus hachas encendidas en las manos, detrás de los cuales venía una litera cubierta de luto, a la cual seguían otros seis de a caballo enlutados hasta los piés de las mulas, que bien vieron que no eran caballos en el sosiego con que caminaban; iban los encamisados murmurando entre sí con una voz baja y compasiva.
Se disculpó cuando se dio cuenta de la verdad, temeroso, al ser un hombre cristiano, recordando que, incluso un gran caballero, como el Cid, fue excomulgado por el Papa.

No entiendo este latín, respondió Don Quijote: mas yo sé bien que no puse las manos, sino este lanzón; cuanto más, que yo no pensé que ofendía a sacerdotes, ni a cosas de la Iglesia, a quien respeto y adoro como católico y fiel cristiano que soy, sino a fantasmas y vestiglos del otro mundo; y cuando eso así fuese, en la memoria tengo lo que le pasó al CId Rui Diaz cuando quebró la silla del embajador de aquel rey delante de su santidad el Papa, por lo cual le descomulgó, y anduvo aquel día el buen Rodrigo de Vivar como muy honrado y valiente caballero.
Cuando don Quijote hace intención de descubrir quién estaba en el féretro, Sancho, que había aprovechado la pelea para llenar sus alforjas vacías de alimento, es quien le quita la idea de la cabeza. Y le aconseja que es mejor huír, antes de que los sacerdotes se den cuenta de que ha sido un hombre solo quien les ha atacado. 

Bien pronto pararon para poder comer, ahora que por fin alimento tenían, pero una gran desgracia hay aún para Sancho...

Y a poco trecho que caminaban por entre dos montañuelas, se hallaron en un espacioso y escondido valle, donde se apearon, y Sancho alivió el jumento; y tendidos sobre la verde yerba, con la salsa de su hambre almorzaron, comieron, merendaron y cenaron a un mismo punto, satisfaciendo sus estómagos con más de una fiambrera que los señores clérigos del difunto (que pocas veces se dejan mal pasar) en la acémila de su repuesto traían; mas sucedióle otra desgracia, que Sancho tuvo por la peor de todas, y fue que no tenían vino que beber, ni agua que llegar a la boca y acosados de la sed dijo Sancho, viendo que el prado donde estaban estaba colmado de verde y menuda yerba, lo que se dirá en el siguiente capítulo.

11 comentarios:

Lady Aliena dijo...

Definitivamente Sancho se está convirtiendo en un héroe. La de penurias que tiene que pasar al lado de Don Quijote...
Besos.

Marya dijo...

Cómo me ha gustado este libro... ¡A seguir disfrutándolo! Un besote :)

Marya dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Mientras Leo dijo...

Este Quijote avanza imparable. Me alegra que lo estés disfrutando tanto como lo hice yo
Besos

LAKY dijo...

Primera vez que no son ellos los apaleados.
Besos

Ginés J. Vera dijo...

A veces he comentado con mis alumnos esa cualidad de los personajes, en manos de los buenos escritores, de permeabilizarse entre sí. En el caso de esta obra maravillosa, como don Quijote y don Sancho (hoy me tomo la licencia de este 'don') se llegan a embeber de detalles uno del otro conforme avanza la novela: el hidalgo se vuelve más Sancho, y el escudero más creyente. La magia de Cervantes. Gracias por tu blog, Margari. Un saludo.

Meg dijo...

Gracias por una semana más, imparable :-D

albanta dijo...

Yo aún tengo que ponerme cn este capítulo.

Manuela dijo...

Buen inicio y fantástico final.
Besos

The An5a dijo...

Hola^^
Como avanzáis con el libro:3
Un beso

Angela Leon dijo...

Primera victoria y final feliz por una vez, jajaja

Bs.