lunes, 29 de septiembre de 2014

Leemos el Quijote... Capítulos XXXVIII

 
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¿Es don Quijote quien nos habla en este capítulo? ¿O Alonso Quijano? ¿O el propio Cervantes? Porque es un discurso que rebosa cordura. Un discurso inteligente, que invita a la reflexión, con el que podremos estar de acuerdo o no. Pero no olvidemos en la época que este texto fue escrito. 


Y Cervantes, como soldado que fue, defiende esta vida. Y nos habla de sus dificultades, de todos los obstáculos a los que tienen que enfrentarse. Y de las pocas recompensas que reciben. Y que no por ser soldado, se es ignorante. Al contrario, mucha astucia e inteligencia tienen que demostrar día tras día para seguir con vida. Porque la inteligencia no la dan solo los estudios. 

Bien hayan aquellos benditos siglos que carecieron de la espantable furia de aquestos endemoniados instrumentos de la artillería, a cuyo inventor tengo para mí que en el infierno se le está dando el premio de su diabólica invención, con la cual dio causa que un infame y cobarde brazo quite la vida a un valeroso caballero, y que, sin saber cómo o por dónde, en la mitad del coraje y brío que enciende y anima a los valientes pechos, llega una desmandada bala, disparada de quien quizá huyó y se espantó del resplandor que hizo el fuego al disparar de la maldita máquina, y corta y acaba en un instante los pensamientos y vida de quien la merecía gozar luengos siglos. Y así, considerando esto, estoy por decir que en el alma me pesa de haber tomado este ejercicio de caballero andante en edad tan detestable como es esta en que ahora vivimos; porque, aunque a mí ningún peligro me pone miedo, todavía me pone recelo pensar si la pólvora y el estaño me han de quitar la ocasión de hacerme famoso y conocido por el valor de mi brazo y filos de mi espada, por todo lo descubierto de la tierra. Pero haga el cielo lo que fuere servido, que tanto seré más estimado, si salgo con lo que pretendo, cuanto a mayores peligros me he puesto que se pusieron los caballeros andantes de los pasados siglos.

Termina don Quijote su discurso, que todos han estado escuchando con mucha atención. Todos admiran al caballero por  sus sabias palabras. Hasta el cura opina como él. Y no pueden evitar sentir pena porque hombre tan inteligente haya caído en la locura. 

Todo este largo preámbulo dijo don Quijote, en tanto que los demás cenaban, olvidándose de llevar bocado a la boca, puesto que algunas veces le había dicho Sancho Panza que cenase, que después habría lugar para decir todo lo que quisiese. En los que escuchado le habían sobrevino nueva lástima de ver que hombre que, al parecer, tenía buen entendimiento y buen discurso en todas las cosas que trataba, le hubiese perdido tan rematadamente, en tratándole de su negra y pizmienta caballería. El cura le dijo que tenía mucha razón en todo cuanto había dicho en favor de las armas, y que él, aunque letrado y graduado, estaba de su mesmo parecer.


5 comentarios:

Yossi Barzilai dijo...

Hablan los tres, momento de lucidez en el que Cervantes se funde, no es así? Besos :)

Francis dijo...

A mi me encantó... creía que me iba a aburrir pero he de reconocer que ha sido un libro que me sorprendió y he recomendado mucho¡¡¡ nos leemos¡¡¡

Lady Aliena dijo...

¡Tres narradores en un sólo capítulo! Desde luego, Cervantes cada día me sorprende más. Besos.

albanta dijo...

Pues yo aún no he llegado a este .

Manuela dijo...

A mí este capítulo como que ni fu ni fa, a ver si el siguiente, cuando comience el cautivo a narrar su historia, me gusta más.
Besos