lunes, 16 de febrero de 2015

Leemos el Quijote (2º parte): Capítulo IX y capítulo X

http://bourbonstreet-porlomenix.blogspot.com.es/2015/01/reto-en-2015-leemos-el-quijote.html


Capítulo IX:

En el Toboso se encuentran don Quijote y Sancho. Temeroso está Sancho que el caballero descubra su engaño. Que no sabe él donde vive Dulcinea. ¿Cómo va a dirigir a don Quijote hacia ella? Y en esta búsqueda de la casa de Dulcinea, de nuevo veremos como ese mundo real que muestra Sancho se enfrenta al mundo en el que don Quijote vive.
-Ya lo veo -respondió Sancho-; y plega a Dios que no demos con nuestra sepultura, que no es buena señal andar por los cimenterios a tales horas, y más, habiendo yo dicho a vuestra merced, si mal no me acuerdo, que la casa desta señora ha de estar en una callejuela sin salida.

-¡Maldito seas de Dios, mentecato! -dijo don Quijote-. ¿Adónde has tú hallado que los alcázares y palacios reales estén edificados en callejuelas sin salida?

-Señor -respondió Sancho-, en cada tierra su uso: quizá se usa aquí en el Toboso edificar en callejuelas los palacios y edificios grandes; y así, suplico a vuestra merced me deje buscar por estas calles o callejuelas que se me ofrecen: podría ser que en algún rincón topase con ese alcázar, que le vea yo comido de perros, que así nos trae corridos y asendereados.

-Habla con respeto, Sancho, de las cosas de mi señora -dijo don Quijote-, y tengamos la fiesta en paz, y no arrojemos la soga tras el caldero.
Casi se confiesa Sancho ante su señor, pero éste cree que su escudero está burlándose:

-Tú me harás desesperar, Sancho -dijo don Quijote-. Ven acá, hereje: ¿no te he dicho mil veces que en todos los días de mi vida no he visto a la sin par Dulcinea, ni jamás atravesé los umbrales de su palacio, y que sólo estoy enamorado de oídas y de la gran fama que tiene de hermosa y discreta?

-Ahora lo oigo -respondió Sancho-; y digo que, pues vuestra merced no la ha visto, ni yo tampoco...

-Eso no puede ser -replicó don Quijote-; que, por lo menos, ya me has dicho tú que la viste ahechando trigo, cuando me trujiste la respuesta de la carta que le envié contigo.

-No se atenga a eso, señor -respondió Sancho-, porque le hago saber que también fue de oídas la vista y la respuesta que le truje; porque, así sé yo quién es la señora Dulcinea como dar un puño en el cielo.

-Sancho, Sancho -respondió don Quijote-, tiempos hay de burlar, y tiempos donde caen y parecen mal las burlas. No porque yo diga que ni he visto ni hablado a la señora de mi alma has tú de decir también que ni la has hablado ni visto, siendo tan al revés como sabes. 
Finalmente, viendo al caballero triste, Sancho consigue convencerle para que espere fuera de la ciudad mientras él busca a Dulcinea. Y así logra evitar contarle la verdad sobre la carta que don Quijote mandó a Dulcinea cuando estaba en Sierra Morena.

Capítulo X:

Empieza este capítulo confesando Cide Hamete que se asombra por las locuras cometidas por don Quijote, pero que quiere ser fiel a los hechos y por eso no va a dejar nada por decir:

Llegando el autor desta grande historia a contar lo que en este capítulo cuenta, dice que quisiera pasarle en silencio, temeroso de que no había de ser creído, porque las locuras de don Quijote llegaron aquí al término y raya de las mayores que pueden imaginarse, y aun pasaron dos tiros de ballesta más allá de las mayores. Finalmente, aunque con este miedo y recelo, las escribió de la misma manera que él las hizo, sin añadir ni quitar a la historia un átomo de la verdad, sin dársele nada por las objeciones que podían ponerle de mentiroso.
 Hasta el propio traductor expone su opinión sobre esto:
Y tuvo razón, porque la verdad adelgaza y no quiebra, y siempre anda sobre la mentira como el aceite sobre el agua.
 No deja cabo suelto Cervantes para dar verosimilitud a su obra.

Nos sorprende en este capítulo el uso del monólogo por parte de Sancho, quien una vez solo, piensa cómo salir del atolladero en el que anda metido:

-Ahora bien, todas las cosas tienen remedio, si no es la muerte, debajo de cuyo yugo hemos de pasar todos, mal que nos pese, al acabar de la vida. Este mi amo, por mil señales, he visto que es un loco de atar, y aun también yo no le quedo en zaga, pues soy más mentecato que él, pues le sigo y le sirvo, si es verdadero el refrán que dice: "Dime con quién andas, decirte he quién eres", y el otro de "No con quien naces, sino con quien paces". Siendo, pues, loco, como lo es, y de locura que las más veces toma unas cosas por otras, y juzga lo blanco por negro y lo negro por blanco, como se pareció cuando dijo que los molinos de viento eran gigantes, y las mulas de los religiosos dromedarios, y las manadas de carneros ejércitos de enemigos, y otras muchas cosas a este tono, no será muy difícil hacerle creer que una labradora, la primera que me topare por aquí, es la señora Dulcinea; y, cuando él no lo crea, juraré yo; y si él jurare, tornaré yo a jurar; y si porfiare, porfiaré yo más, y de manera que tengo de tener la mía siempre sobre el hito, venga lo que viniere. Quizá con esta porfía acabaré con él que no me envíe otra vez a semejantes mensajerías, viendo cuán mal recado le traigo dellas, o quizá pensará, como yo imagino, que algún mal encantador de estos que él dice que le quieren mal la habrá mudado la figura por hacerle mal y daño.
De nuevo Sancho pretende engañar a don Quijote. Así continuarán ya sus aventuras y su prometida ínsula estará más cerca. Porque Sancho demuestra ser listo para engañar, pero para poco más. Que seguir creyendo posible que él llegue a ser gobernador de una ínsula... 

Pero esta vez le costará a Sancho convencer a don Quijote. Cuando Sancho le indique que Dulcinea viene de camino acompañada por dos de sus doncellas, éste saldrá a su encuentro, pero solo verá a las simples aldeanas que realmente son. 

-Yo no veo, Sancho -dijo don Quijote-, sino a tres labradoras sobre tres borricos.

-¡Agora me libre Dios del diablo! -respondió Sancho-. Y ¿es posible que tres hacaneas, o como se llaman, blancas como el ampo de la nieve, le parezcan a vuesa merced borricos? ¡Vive el Señor, que me pele estas barbas si tal fuese verdad!

-Pues yo te digo, Sancho amigo -dijo don Quijote-, que es tan verdad que son borricos, o borricas, como yo soy don Quijote y tú Sancho Panza; a lo menos, a mí tales me parecen.

-Calle, señor -dijo Sancho-, no diga la tal palabra, sino despabile esos ojos, y venga a hacer reverencia a la señora de sus pensamientos, que ya llega cerca.

Y, diciendo esto, se adelantó a recebir a las tres aldeanas; y, apeándose del rucio, tuvo del cabestro al jumento de una de las tres labradoras, y, hincando ambas rodillas en el suelo, dijo:

-Reina y princesa y duquesa de la hermosura, vuestra altivez y grandeza sea servida de recebir en su gracia y buen talente al cautivo caballero vuestro, que allí está hecho piedra mármol, todo turbado y sin pulsos de verse ante vuestra magnífica presencia. Yo soy Sancho Panza, su escudero, y él es el asendereado caballero don Quijote de la Mancha, llamado por otro nombre el Caballero de la Triste Figura.

Convencido por Sancho, nuestro caballero creerá de nuevo haber sido víctima de brujerías...
-Sancho, ¿qué te parece cuán malquisto soy de encantadores? Y mira hasta dónde se estiende su malicia y la ojeriza que me tienen, pues me han querido privar del contento que pudiera darme ver en su ser a mi señora. En efecto, yo nací para ejemplo de desdichados, y para ser blanco y terrero donde tomen la mira y asiesten las flechas de la mala fortuna. Y has también de advertir, Sancho, que no se contentaron estos traidores de haber vuelto y transformado a mi Dulcinea, sino que la transformaron y volvieron en una figura tan baja y tan fea como la de aquella aldeana, y juntamente le quitaron lo que es tan suyo de las principales señoras, que es el buen olor, por andar siempre entre ámbares y entre flores. Porque te hago saber, Sancho, que cuando llegé a subir a Dulcinea sobre su hacanea, según tú dices, que a mí me pareció borrica, me dio un olor de ajos crudos, que me encalabrinó y atosigó el alma. 

-¡Oh canalla! -gritó a esta sazón Sancho- ¡Oh encantadores aciagos y malintencionados, y quién os viera a todos ensartados por las agallas, como sardinas en lercha! Mucho sabéis, mucho podéis y mucho más hacéis. Bastaros debiera, bellacos, haber mudado las perlas de los ojos de mi señora en agallas alcornoqueñas, y sus cabellos de oro purísimo en cerdas de cola de buey bermejo, y, finalmente, todas sus faciones de buenas en malas, sin que le tocárades en el olor; que por él siquiera sacáramos lo que estaba encubierto debajo de aquella fea corteza; aunque, para decir verdad, nunca yo vi su fealdad, sino su hermosura, a la cual subía de punto y quilates un lunar que tenía sobre el labio derecho, a manera de bigote, con siete o ocho cabellos rubios como hebras de oro y largos de más de un palmo.

14 comentarios:

Francis dijo...

La ternura de Sancho y la adoración que siente por D. Quijote son dignas de admiración... siempre fue mi personaje favorito¡¡¡ genial entrada¡¡ un beso¡¡¡

Laura dijo...

La verdad es que os admiro a todos los que hacéis la lectura conjunta. Yo creo que me hubiera cansado ya :)
Besos!

Marya dijo...

¡A seguir disfrutando mucho de la lectura! Es un libro maravilloso. Un besote :)

Atalanta dijo...

Estos dos capítulos me han gustado mucho.
La semana que viene más XD
Besos!

Minea Halcombe dijo...

Sancho es un personaje muy entrañable ^^
Un beso

Anabel Botella dijo...

Sancho, a pesar de todo lo que ha pasado junto a Don Quijote, sigue siendo adorable.
Besos :*

Tizire dijo...

No paras, eh? Disfruta del Quijote! 1beso!

Yossi Barzilai dijo...

Un capítulo muy emotivo y sirve de ejemplo para los que se llevan la sanchificación y la quijotización a polos opuestos y se quedan solo con lo bueno y lo malo- hay más que eso. Besos :)

Manuela dijo...

Voy retrasadísima con El Quijote :(
Besos.

The An5a dijo...

¡Holaa!
No sé cómo podéis seguir con ello, yo ya no aguantaría más jaja
Un beso<3

Lesincele dijo...

Mira que sois constantes!
Un beso!

Towanda dijo...

Sancho era un tipo encantador y su señor uno de los personajes más maravillosos que he encontrado en los libros.
Con personas como tú, que saben contar las cosas tan estupendamente, seguro que muchos de los que no lo han leído lo harían.

Besazos.

Mientras Leo dijo...

Me encantan estos días de repaso a una lectura que disfruté hace tiempo. Igual así se anima más gente a leerlo
Besos

La Musa y El Espiritu blog dijo...

Creo que voy a empezar a leer el Quijote, sobre todo, este año que tenemos celebración y haré algo en el blog.

Un saludo.