lunes, 6 de abril de 2015

Leemos el Quijote (2º parte): Capítulo XXIII y capítulo XXIV


http://bourbonstreet-porlomenix.blogspot.com.es/2015/01/reto-en-2015-leemos-el-quijote.html

 Capítulo XXIII:

Inicia su relato don Quijote sobre su descenso a la cueva de Montesinos. Una historia poco creíble, como el mismo título de este capítulo nos indica: "De las admirables cosas que el estremado don Quijote contó que había visto en la profunda cueva de Montesinos, cuya imposibilidad y grandeza hace que se tenga esta aventura por apócrifa". Una historia que bien pudo ser solo un sueño de don Quijote...

Di voces, pidiéndoos que no descolgásedes más soga hasta que yo os lo dijese, pero no debistes de oírme. Fui recogiendo la soga que enviábades, y, haciendo della una rosca o rimero, me senté sobre él, pensativo además, considerando lo que hacer debía para calar al fondo, no teniendo quién me sustentase; y, estando en este pensamiento y confusión, de repente y sin procurarlo, me salteó un sueño profundísimo; y, cuando menos lo pensaba, sin saber cómo ni cómo no, desperté dél y me hallé en la mitad del más bello, ameno y deleitoso prado que puede criar la naturaleza ni imaginar la más discreta imaginación humana.
Y ahí, en ese idílico paisaje, le esperaba el propio Montesino.Y no duda don Quijote en preguntarle  "si fue verdad lo que en el mundo de acá arriba se contaba: que él había sacado de la mitad del pecho, con una pequeña daga, el corazón de su grande amigo Durandarte y llevádole a la Señora Belerma, como él se lo mandó al punto de su muerte. Respondióme que en todo decían verdad, sino en la daga, porque no fue daga, ni pequeña, sino un puñal buido, más agudo que una lezna". Simbólico es que don Quijote le pregunte esto. Porque en la primera parte nuestro caballero nunca dudaba de la veracidad de estas historias. Pero ahora sí empieza a dudar...

Curioso el momento en que don Quijote cuenta que también vio a Dulcinea, pero bajo la misma apariencia de aldeana que la última vez. El propio Montesinos le dice que debe de ser alguna princesa encantada... Y Sancho, cuando escucha esto, no sabe qué hacer...

Cuando Sancho Panza oyó decir esto a su amo, pensó perder el juicio, o morirse de risa; que, como él sabía la verdad del fingido encanto de Dulcinea, de quien él había sido el encantador y el levantador de tal testimonio, acabó de conocer indubitablemente que su señor estaba fuera de juicio y loco de todo punto; y así, le dijo:

-En mala coyuntura y en peor sazón y en aciago día bajó vuestra merced, caro patrón mío, al otro mundo, y en mal punto se encontró con el señor Montesinos, que tal nos le ha vuelto. Bien se estaba vuestra merced acá arriba con su entero juicio, tal cual Dios se le había dado, hablando sentencias y dando consejos a cada paso, y no agora, contando los mayores disparates que pueden imaginarse. 

Capítulo XXIV:

Este capítulo se inicia con una aclaración por parte del traductor de la obra de Cide Hamete. Y es que éste no cree mucho en la veracidad de lo que don Quijote cuenta en el anterior capítulo:
''No me puedo dar a entender, ni me puedo persuadir, que al valeroso don Quijote le pasase puntualmente todo lo que en el antecedente capítulo queda escrito: la razón es que todas las aventuras hasta aquí sucedidas han sido contingibles y verisímiles, pero ésta desta cueva no le hallo entrada alguna para tenerla por verdadera, por ir tan fuera de los términos razonables. Pues pensar yo que don Quijote mintiese, siendo el más verdadero hidalgo y el más noble caballero de sus tiempos, no es posible; que no dijera él una mentira si le asaetearan. Por otra parte, considero que él la contó y la dijo con todas las circunstancias dichas, y que no pudo fabricar en tan breve espacio tan gran máquina de disparates; y si esta aventura parece apócrifa, yo no tengo la culpa; y así, sin afirmarla por falsa o verdadera, la escribo. Tú, letor, pues eres prudente, juzga lo que te pareciere, que yo no debo ni puedo más; puesto que se tiene por cierto que al tiempo de su fin y muerte dicen que se retrató della, y dijo que él la había inventado, por parecerle que convenía y cuadraba bien con las aventuras que había leído en sus historias''.
 En su camino don Quijote tropieza con un joven mozo al que pregunta por su destino, al ir con tanta prisa.
-El caminar tan a la ligera lo causa el calor y la pobreza, y el adónde voy es a la guerra.
Y ante las preguntas de nuestro caballero, el joven le hablará de su pobreza y de los malos trabajos que ha tenido que aceptar hasta ese momento:

-Si yo hubiera servido a algún grande de España, o algún principal personaje -respondió el mozo-, a buen seguro que yo la llevara, que eso tiene el servir a los buenos: que del tinelo suelen salir a ser alférez o capitanes, o con algún buen entretenimiento; pero yo, desventurado, serví siempre a catarriberas y a gente advenediza, de ración y quitación tan mísera y atenuada, que en pagar el almidonar un cuello se consumía la mitad della; y sería tenido a milagro que un paje aventurero alcanzase alguna siquiera razonable ventura.

-Y dígame, por su vida, amigo -preguntó don Quijote-: ¿es posible que en los años que sirvió no ha podido alcanzar alguna librea?

-Dos me han dado -respondió el paje-; pero, así como el que se sale de alguna religión antes de profesar le quitan el hábito y le vuelven sus vestidos, así me volvían a mí los míos mis amos, que, acabados los negocios a que venían a la corte, se volvían a sus casas y recogían las libreas que por sola ostentación habían dado. 

Aprovecha don Quijote para darle unos buenos consejos. Consejos que se resumen básicamente en obrar y vivir siempre con dignidad.
-Notable espilorchería, como dice el italiano -dijo don Quijote-; pero, con todo eso, tenga a felice ventura el haber salido de la corte con tan buena intención como lleva; porque no hay otra cosa en la tierra más honrada ni de más provecho que servir a Dios, primeramente, y luego, a su rey y señor natural, especialmente en el ejercicio de las armas, por las cuales se alcanzan, si no más riquezas, a lo menos, más honra que por las letras, como yo tengo dicho muchas veces; que, puesto que han fundado más mayorazgos las letras que las armas, todavía llevan un no sé qué los de las armas a los de las letras, con un sí sé qué de esplendor que se halla en ellos, que los aventaja a todos. Y esto que ahora le quiero decir llévelo en la memoria, que le será de mucho provecho y alivio en sus trabajos; y es que, aparte la imaginación de los sucesos adversos que le podrán venir, que el peor de todos es la muerte, y como ésta sea buena, el mejor de todos es el morir. Preguntáronle a Julio César, aquel valeroso emperador romano, cuál era la mejor muerte; respondió que la impensada, la de repente y no prevista; y, aunque respondió como gentil y ajeno del conocimiento del verdadero Dios, con todo eso, dijo bien, para ahorrarse del sentimiento humano; que, puesto caso que os maten en la primera facción y refriega, o ya de un tiro de artillería, o volado de una mina, ¿qué importa? Todo es morir, y acabóse la obra; y, según Terencio, más bien parece el soldado muerto en la batalla que vivo y salvo en la huida; y tanto alcanza de fama el buen soldado cuanto tiene de obediencia a sus capitanes y a los que mandarle pueden. Y advertid, hijo, que al soldado mejor le está el oler a pólvora que algalia, y que si la vejez os coge en este honroso ejercicio, aunque sea lleno de heridas y estropeado o cojo, a lo menos no os podrá coger sin honra, y tal, que no os la podrá menoscabar la pobreza; cuanto más, que ya se va dando orden cómo se entretengan y remedien los soldados viejos y estropeados, porque no es bien que se haga con ellos lo que suelen hacer los que ahorran y dan libertad a sus negros cuando ya son viejos y no pueden servir, y, echándolos de casa con título de libres, los hacen esclavos de la hambre, de quien no piensan ahorrarse sino con la muerte. Y por ahora no os quiero decir más, sino que subáis a las ancas deste mi caballo hasta la venta, y allí cenaréis conmigo, y por la mañana seguiréis el camino, que os le dé Dios tan bueno como vuestros deseos merecen.


15 comentarios:

Chema Fernández dijo...

Me encanta leer estas entradas porque ha pasado bastante tiempo desde que leí El Quijote y parece que lo tengo bastante "fresco". Un beso.

Lesincele dijo...

Qué constantes que sois con su lectura!Yo todavía sigo sin animarme.
Un beso!

Claudia Green dijo...

Algún día debería ponerme a leer El Quijote. Algún día...

¡Un besote!

Manuela dijo...

Yo sigo a mi ritmo... ;)
Besos.

lecturina si dijo...

Hola Margari parece que el caballero Don Quijote también vive de vez en cuando en la realidad.

Marya dijo...

Esta es una parte que me gusta mucho del libro. Un besote :)

Locura de lectura dijo...

En su día, leí la primera parte completa, sin embargo, comencé con la segunda y no la terminé. Veo que sois constantes en la lectura, así que ya nos irás contando. Bssss

MªÁngeles bookeandoconmangeles dijo...

Desde luego que sois un ejemplo a seguir. Yo tengo poquito tiempo para leer y El Quijote todavía se me hace más cuesta arriba.
Bs.

Atalanta dijo...

Hola, Margari!
Espero que pasaras una buena Semana Santa :-)
Me ha gustado el capítulo 23 con las lagunas de Ruidera y el río Guadiana :-)
Besos!

Lourdes ILGR dijo...

Tengo que leerlo algún día de cabo a rabo. Sólo he leído algunas partes, no puede ser.
Un beso.

The An5a dijo...

Ya no queda nada :D
Ánimo^^
Un beso<3

Seveth dijo...

¡Ánimo que ya te queda menos!

Francis dijo...

Seguimos rememorando momentos con nuestro incansable hidalgo¡¡ lo llevas genial¡¡ un besazo¡¡¡

Ylenia dijo...

He leído mil versiones del Quijote en todos los años que llevo estudiando, pero la oficial aún no. Algún día tendré que hacerlo, es algo que se tiene que hacer sí o sí jajaja. Un saludo!

Libros Eris dijo...

Ya te he dicho en alguna ocasión que os admiro por vuestra fidelidad a estas entradas. Me encantan! Un beso!