miércoles, 30 de septiembre de 2015

Café y cigarrillos para un funeral de Roberto Martínez Guzmán

Café y cigarrillos para un funeral
 
Editorial: Serial Books

¿Qué sentirías si supieras que vas a morir el día de tu cumpleaños?
El doctor Delfín Sánchez entra en la comisaría de Ourense la madrugada del viernes 19 de julio para denunciar que desde hace un año, mensualmente, le ha ido llegando una carta que anuncia su muerte. Pero la cuenta atrás arranca el último mes en que ya recibe una carta diaria con el plazo de muerte del 20 de julio a las siete de la tarde, fecha de su cumpleaños y hora en que nació. Además, ha empezado a recibir coronas de flores para su entierro…
Cuando Roberto Martínez Guzmán me ofreció leer su libro, no pude rechazarlo tras leer su sinopsis. Imposible dejarlo pasar sin saber cómo va a acabar esta historia.

Dividida en cuatro capítulos, cada uno de ellos tiene un título que lo resume perfectamente: La denuncia, La encuesta, La espera y La verdad.  En el primero de ellos, observamos como el doctor Delfín Sánchez acude a comisaria para denunciar que alguien está amenazándole y que ha puesto fecha al último día de su vida. Un día que ya está muy cercano. La tensión empieza a palparse. 

En La encuesta, Eva, la inspectora de policía, comprende que no hay tiempo para dudar y empieza a trabajar rápidamente. Lo primero es tener una lista de sospechosos. No son muchos, pero los indicios apuntan a que podría ser cualquiera de ellos. Apenas hay pistas... Apenas hay tiempo. La tensión y la angustia siguen creciendo. 

El tercer capítulo nos sitúa en las horas previas al crimen. La atmósfera es ya asfixiante, angustiosa. El miedo se siente. Y las páginas no son ya leídas. Son ya devoradas porque no puedes parar hasta saber qué va a ocurrir. 

En el último capítulo, La verdad, conoceremos quién es el asesino y sus motivos. No se saca nada de la manga el autor al llegar a este momento. Uno de los posibles sospechosos ha resultado ser el culpable. Y si quizás no sorprende quién es, sí que sorprende el modo de ejecutar su crimen. Sorprende su sangre fría por haber estado tantos años preparándolo, sin sentir en ningún momento una pizca de compasión, una pizca de remordimiento. 

Sin apenas descripciones de personajes y ambientes, porque  no es algo que persigue el autor en este breve relato, con un lenguaje sencillo y fluido, Roberto Martínez Guzmán crea una historia adictiva de principio a fin. Una historia que si empezáis a leerla, os aseguro que no podréis dejarla hasta llegar al final.

lunes, 28 de septiembre de 2015

Leemos el Quijote (2º parte): Capítulo LV y capítulo LVI

http://bourbonstreet-porlomenix.blogspot.com.es/2015/01/reto-en-2015-leemos-el-quijote.html


Capítulo LV:

Seguimos acompañando a Sancho, quien continúa su camino hacia el palacio de los Duques. Pero la mala suerte le acompañará y cuando decida parar a descansar, caerá en una sima. Se quejará nuestro escudero de su mala suerte.

¡Ay -dijo entonces Sancho Panza-, y cuán no pensados sucesos suelen suceder a cada paso a los que viven en este miserable mundo! ¿Quién dijera que el que ayer se vio entronizado gobernador de una ínsula, mandando a sus sirvientes y a sus vasallos, hoy se había de ver sepultado en una sima, sin haber persona alguna que le remedie, ni criado ni vasallo que acuda a su socorro? Aquí habremos de perecer de hambre yo y mi jumento, si ya no nos morimos antes, él de molido y quebrantado, y yo de pesaroso.
E incluso comparará su caída al momento en que don Quijote estuvo en la cueva de Montesinos.

A lo menos, no seré yo tan venturoso como lo fue mi señor don Quijote de la Mancha cuando decendió y bajó a la cueva de aquel encantado Montesinos, donde halló quien le regalase mejor que en su casa, que no parece sino que se fue a mesa puesta y a cama hecha. Allí vio él visiones hermosas y apacibles, y yo veré aquí, a lo que creo, sapos y culebras.
Tuvo que pasar toda la noche junto a su rucio, ya que nadie escuchaba sus gritos y lamentos. Pero a la mañana siguiente parecía que sus gritos tampoco eran escuchados. Así que decide comer un poco, que "Todos los duelos con pan son buenos". Pero parece que la suerte empieza a acompañarle, que descubre un agujero por el que puede salir y que hace más grande para poder salir con su asno. 
En esto, descubrió a un lado de la sima un agujero, capaz de caber por él una persona, si se agobiaba y encogía. Acudió a él Sancho Panza, y, agazapándose, se entró por él y vio que por de dentro era espacioso y largo, y púdolo ver, porque por lo que se podía llamar techo entraba un rayo de sol que lo descubría todo. Vio también que se dilataba y alargaba por otra concavidad espaciosa; viendo lo cual, volvió a salir adonde estaba el jumento, y con una piedra comenzó a desmoronar la tierra del agujero, de modo que en poco espacio hizo lugar donde con facilidad pudiese entrar el asno, como lo hizo; y, cogiéndole del cabestro, comenzó a caminar por aquella gruta adelante, por ver si hallaba alguna salida por otra parte. A veces iba a escuras, y a veces sin luz, pero ninguna vez sin miedo. 

Y da la coincidencia de que don Quijote está cerca y empieza a escuchar las voces que Sancho da. Y aquí introduce Cervantes un poco más de humor cuando Sancho se define a sí mismo como "desdichado desgobernado gobernador".
-¡Ah de arriba! ¿Hay algún cristiano que me escuche, o algún caballero caritativo que se duela de un pecador enterrado en vida, o un desdichado desgobernado gobernador? 
Don Quijote reconoce en esta voz a Sancho y llega a creerlo muerto. Pero ni aún así le niega su ayuda.
-Don Quijote soy -replicó don Quijote-, el que profeso socorrer y ayudar en sus necesidades a los vivos y a los muertos. Por eso dime quién eres, que me tienes atónito; porque si eres mi escudero Sancho Panza, y te has muerto, como no te hayan llevado los diablos, y, por la misericordia de Dios, estés en el purgatorio, sufragios tiene nuestra Santa Madre la Iglesia Católica Romana bastantes a sacarte de las penas en que estás, y yo, que lo solicitaré con ella, por mi parte, con cuanto mi hacienda alcanzare; por eso, acaba de declararte y dime quién eres. 
Don Quijote acude a los duques para conseguir ayuda para sacar a Sancho de la cueva. Y aquí Cervantes parece querer volver a mostrar su opinión sobre los gobernadores del momento, eso sí, con humor.

-Desta manera habían de salir de sus gobiernos todos los malos gobernadores, como sale este pecador del profundo del abismo: muerto de hambre, descolorido, y sin blanca, a lo que yo creo.
Pero Sancho pronto se defiende, utilizando, como él bien sabe hacer, el amplio refranero español:
-Ocho días o diez ha, hermano murmurador, que entré a gobernar la ínsula que me dieron, en los cuales no me vi harto de pan siquiera un hora; en ellos me han perseguido médicos, y enemigos me han brumado los güesos; ni he tenido lugar de hacer cohechos, ni de cobrar derechos; y, siendo esto así, como lo es, no merecía yo, a mi parecer, salir de esta manera; pero el hombre pone y Dios dispone, y Dios sabe lo mejor y lo que le está bien a cada uno; y cual el tiempo, tal el tiento; y nadie diga "desta agua no beberé", que adonde se piensa que hay tocinos, no hay estacas; y Dios me entiende, y basta, y no digo más, aunque pudiera.
 Y ante los duques explica las razones que le han llevado a dejar el gobierno de la ínsula Barataria.
-Yo, señores, porque lo quiso así vuestra grandeza, sin ningún merecimiento mío, fui a gobernar vuestra ínsula Barataria, en la cual entré desnudo, y desnudo me hallo: ni pierdo, ni gano. Si he gobernado bien o mal, testigos he tenido delante, que dirán lo que quisieren. He declarado dudas, sentenciado pleitos, siempre muerto de hambre, por haberlo querido así el doctor Pedro Recio, natural de Tirteafuera, médico insulano y gobernadoresco. Acometiéronnos enemigos de noche, y, habiéndonos puesto en grande aprieto, dicen los de la ínsula que salieron libres y con vitoria por el valor de mi brazo, que tal salud les dé Dios como ellos dicen verdad. En resolución, en este tiempo yo he tanteado las cargas que trae consigo, y las obligaciones, el gobernar, y he hallado por mi cuenta que no las podrán llevar mis hombros, ni son peso de mis costillas, ni flechas de mi aljaba; y así, antes que diese conmigo al través el gobierno, he querido yo dar con el gobierno al través, y ayer de mañana dejé la ínsula como la hallé: con las mismas calles, casas y tejados que tenía cuando entré en ella. No he pedido prestado a nadie, ni metídome en granjerías; y, aunque pensaba hacer algunas ordenanzas provechosas, no hice ninguna, temeroso que no se habían de guardar: que es lo mesmo hacerlas que no hacerlas. Salí, como digo, de la ínsula sin otro acompañamiento que el de mi rucio; caí en una sima, víneme por ella adelante, hasta que, esta mañana, con la luz del sol, vi la salida, pero no tan fácil que, a no depararme el cielo a mi señor don Quijote, allí me quedara hasta la fin del mundo. Así que, mis señores duque y duquesa, aquí está vuestro gobernador Sancho Panza, que ha granjeado en solos diez días que ha tenido el gobierno a conocer que no se le ha de dar nada por ser gobernador, no que de una ínsula, sino de todo el mundo; y, con este presupuesto, besando a vuestras mercedes los pies, imitando al juego de los muchachos, que dicen "Salta tú, y dámela tú", doy un salto del gobierno, y me paso al servicio de mi señor don Quijote; que, en fin, en él, aunque como el pan con sobresalto, hártome, a lo menos, y para mí, como yo esté harto, eso me hace que sea de zanahorias que de perdices.

Capítulo LVI:

Otro capítulo que nos va a arrancar más de una sonrisa. Don Quijote vuelve a adquirir el protagonismo. Está dispuesto a enfrentarse en contienda justa al caballero que había deshonrado a la hija de doña Rodríguez. Pero ese joven ha huído. Y el duque, para seguir con la burla, hace que su lacayo Tosilos ocupe su lugar. Confiado en la fortaleza de su lacayo, le advierte que debe vencer a don Quijote, pero sin herirle.
Después desto, cuenta la historia que se llegó el día de la batalla aplazada, y, habiendo el duque una y muy muchas veces advertido a su lacayo Tosilos cómo se había de avenir con don Quijote para vencerle sin matarle ni herirle, ordenó que se quitasen los hierros a las lanzas, diciendo a don Quijote que no permitía la cristiandad, de que él se preciaba, que aquella batalla fuese con tanto riesgo y peligro de las vidas, y que se contentase con que le daba campo franco en su tierra, puesto que iba contra el decreto del Santo Concilio, que prohíbe los tales desafíos, y no quisiese llevar por todo rigor aquel trance tan fuerte. 
 Pero justo cuando el combate va a tener lugar, el amor aparece...
Parece ser que, cuando estuvo mirando a su enemiga, le pareció la más hermosa mujer que había visto en toda su vida, y el niño ceguezuelo, a quien suelen llamar de ordinario Amor por esas calles, no quiso perder la ocasión que se le ofreció de triunfar de una alma lacayuna y ponerla en la lista de sus trofeos; y así, llegándose a él bonitamente, sin que nadie le viese, le envasó al pobre lacayo una flecha de dos varas por el lado izquierdo, y le pasó el corazón de parte a parte; y púdolo hacer bien al seguro, porque el Amor es invisible, y entra y sale por do quiere, sin que nadie le pida cuenta de sus hechos.
Y el lacayo Tosilos prefiere no luchar y casarse.
Y, aunque Tosilos vio venir contra sí a don Quijote, no se movió un paso de su puesto; antes, con grandes voces, llamó al maese de campo, el cual venido a ver lo que quería, le dijo:

-Señor, ¿esta batalla no se hace porque yo me case, o no me case, con aquella señora?

-Así es -le fue respondido.

-Pues yo -dijo el lacayo- soy temeroso de mi conciencia, y pondríala en gran cargo si pasase adelante en esta batalla; y así, digo que yo me doy por vencido y que quiero casarme luego con aquella señora.

Quedó admirado el maese de campo de las razones de Tosilos; y, como era uno de los sabidores de la máquina de aquel caso, no le supo responder palabra. Detúvose don Quijote en la mitad de su carrera, viendo que su enemigo no le acometía. El duque no sabía la ocasión porque no se pasaba adelante en la batalla, pero el maese de campo le fue a declarar lo que Tosilos decía, de lo que quedó suspenso y colérico en estremo. 
Así que el duque no consiguió lo que quería, burlarse de don Quijote. Nuestro caballero, en cambio, encaja bien el hecho de que al final no hay combate. Y comprende  la decisión del lacayo, al igual que Sancho.
-Yo, señora, quiero casarme con vuestra hija, y no quiero alcanzar por pleitos ni contiendas lo que puedo alcanzar por paz y sin peligro de la muerte.

Oyó esto el valeroso don Quijote, y dijo:

-Pues esto así es, yo quedo libre y suelto de mi promesa: cásense en hora buena, y, pues Dios Nuestro Señor se la dio, San Pedro se la bendiga. 
(...)
-Él hace muy bien -dijo a esta sazón Sancho Panza-, porque lo que has de dar al mur, dalo al gato, y sacarte ha de cuidado. 
Pero cuando Tosilos se quitó la celada y descubrió su verdadero rostro, tanto doña Rodríguez como su hija se dieron cuenta de que no era el joven que la había deshonrado. 
-¡Éste es engaño, engaño es éste! ¡A Tosilos, el lacayo del duque mi señor, nos han puesto en lugar de mi verdadero esposo! ¡Justicia de Dios y del Rey, de tanta malicia, por no decir bellaquería! 
 Pero don Quijote vuelve a creer que todo es por culpa de los encantadores que siempre lo persiguen y quieren siempre manchar sus victorias.
-No vos acuitéis, señoras -dijo don Quijote-, que ni ésta es malicia ni es bellaquería; y si la es, y no ha sido la causa el duque, sino los malos encantadores que me persiguen, los cuales, invidiosos de que yo alcanzase la gloria deste vencimiento, han convertido el rostro de vuestro esposo en el de este que decís que es lacayo del duque. Tomad mi consejo, y, a pesar de la malicia de mis enemigos, casaos con él, que sin duda es el mismo que vos deseáis alcanzar por esposo.
Y el duque aprovecha esto para descargar su ira sobre el lacayo, por haberle privado de su deseo de burlarse y reírse nuevamente de don Quijote. 
-Son tan extraordinarias las cosas que suceden al señor don Quijote que estoy por creer que este mi lacayo no lo es; pero usemos deste ardid y maña: dilatemos el casamiento quince días, si quieren, y tengamos encerrado a este personaje que nos tiene dudosos, en los cuales podría ser que volviese a su prístina figura; que no ha de durar tanto el rancor que los encantadores tienen al señor don Quijote, y más, yéndoles tan poco en usar estos embelecos y transformaciones. 
Finalmente, la hija de doña Rodríguez decide casarse con el muchacho. Quizás sus motivos no estén cercanos al amor, eso sí...
 -Séase quien fuere este que me pide por esposa, que yo se lo agradezco; que más quiero ser mujer legítima de un lacayo que no amiga y burlada de un caballero, puesto que el que a mí me burló no lo es. 

domingo, 27 de septiembre de 2015

El Superzorro de Roald Dahl


Benito, Buñuelo y Bufón son los tres granjeros más malvados que te puedas imaginar. Odian a don Zorro y quieren capturarle por todos los medios. Le esperan a la salida de su madriguera, escondidos detrás de los árboles, con la escopeta cargada. Pero don Zorro tiene otros planes... Descubre lo que les tiene preparado en esta aventura llena de ritmo y humor.
Un libro maravilloso y absolutamente divertido. Gracias a mi hija he disfrutado mucho con Roald Dahl, un autor del que no he leído tantas cosas como me gustaría. Y al que conozco más por sus relatos para adultos. Este es un cuento absolutamente recomendable para niños que tengan entre siete y ocho años, ya que se lo van a pasar pipa con él. Imposible no querer a este superzorro, que demuestra una y otra vez una astucia, un ingenio y una inteligencia admirables. 
 
Si es que mi hija hasta se lo leyó varias veces en su momento. Y en ocasiones de seguido.  ¿Se puede decir algo mejor de un libro? Una delicia de lectura desde la primera página hasta la última, y que se lee en un ratito y  siempre con la sonrisa en la cara. Imprescindible en cualquier biblioteca infantil. 

viernes, 25 de septiembre de 2015

La separación de Dinah Jefferies

La separación
Dinah Jefferies
Traducción: Catalina Martínez Muñoz
Alianza Editorial, 2015

Malasia, 1955. Lydia Cartwright regresa de un viaje de tres semanas tras visitar a una amiga enferma. Al llegar se encuentra la casa vacía, los criados se han marchado, el teléfono no tiene línea... Su marido, Alec, un funcionario de la administración colonial, y sus hijas, Emma y Fleur, han desaparecido. Asustada y desesperada intenta averiguar qué ha pasado. Todo parece indicar que a Alex lo han destinado al norte del país. Pero ¿por qué no la ha esperado? ¿Por qué no ha dejado siquiera una nota? Lydia, sobreponiéndose a la angustia, sin apenas dinero, se embarca en un azoroso viaje por la península de Malaca, a través de una peligrosa selva sacudida por la guerra e infestada de bandas armadas y minas terrestres. Lo sacrifica todo para encontrar a su familia, incluso se verá obligada a recurrir a Jack Harding, un hombre al que años antes había jurado no volver a ver jamás. En este largo viaje hacia lo desconocido, hacia la verdad que le aguarda, Lydia no tardará en enfrentarse a una terrible traición de la que quizá no pueda recuperarse...
Como su título indica y la sinopsis bien señala, nos encontramos con la historia de una separación. Y ésta será contada desde dos puntos de vista. Por un lado seguiremos la historia a través de los ojos de Lydia, la madre. Y veremos toda su lucha por encontrar a su familia. Duras serán las pruebas que tendrá que soportar. Sola, en Malasia, en una época en la que las guerrillas en el país eran continuas, en las que atravesar el país era muy peligroso, ella no dudará en hacerlo con tal de reunirse de nuevo con su familia.

Por otro lado, sabremos como vive la separación Emma, una de las hijas de Lydia. Fleur, su hermana, aún es pequeña y parece no darse cuenta de lo que está realmente sucediendo. Pero Emma tiene doce años. Si se da cuenta. Y no entiende por qué tienen que marcharse de Malasia. Por qué se van ellos solos sin esperar a su madre. Por qué su padre parece esconder secretos. Por qué no le cuenta la verdad sobre su madre... Sus preguntas siempre serán molestas; sus preguntas sólo tendrán como respuesta el silencio... O respuestas que no le hubiera gustado escuchar. Y en ausencia de su madre, también le tocará vivir pruebas bastante duras. Y no sabrá en quién confiar, con quién hablar...

Poco a poco iremos conociendo nosotros los lectores esas respuestas. E iremos descubriendo una historia llena de engaños, traiciones, venganzas... 

El gran acierto de esta novela son sus dos personajes principales: Lydia y Emma. Con ambos he logrado empatizar por igual. Dos mujeres fuertes, que tienen que enfrentarse a grandes problemas y, aunque al principio les cueste, siempre termina enfrentándose a ellos y superando cualquier situación. Estos dos personajes son tratados por la autora con mucho mimo, no así el resto, a los que apenas conocemos. 

Lo que no me ha convencido es el desenlace. No quiero explayarme aquí, para no revelar mucho, pero hay ciertos aspectos que no me han convencido, que me han dejado un poco fría cuando he terminado el libro. Ciertos comportamientos, ciertas actitudes que no he terminado de creer... Pero son sólo mis impresiones.

Pero en general, ha sido una buena lectura que he disfrutado, salvo esos pequeños detalles finales. Dinah Jefferies demuestra talento en esta su primera novela.

miércoles, 23 de septiembre de 2015

Cazador de farsantes de Cristián Perfumo

Cazador de farsantes
Cristian Perfumo
En Amazon, 2015

“Si estás viendo esto, es porque estoy muerto”, dice a la cámara el periodista Javier Gondar pocas horas antes de que le peguen un balazo en la cabeza. En el video, Gondar señala como culpable de su asesinato al Cacique de San Julián, uno de los brujos más famosos de la Patagonia. 
Tras una experiencia difícil, Ricardo Varela se inicia en un extraño hobby: filmar con cámara oculta a chamanes y curanderos de Comodoro Rivadavia y exponer sus trucos en Internet. No sabe si existen brujos que verdaderamente tienen poderes, ni le interesa demasiado. De lo que sí está seguro es que su ciudad está llena de farsantes sin escrúpulos dispuestos a prometer salud, dinero y amor a cualquiera que quiera creer. Y pagar.  
Para Ricardo, enfrentarse al Cacique es la única forma de cerrar una herida que lleva dos años abierta. Sabe que tendrá que poner en riesgo su vida, y no le importa. Lo que no se imagina es que ese brujo no es más que el primer eslabón de una macabra trama que lleva años cobrándose vidas en nombre de la fe.
De nuevo me he dejado llevar de la mano de Cristian Perfumo a la Patagonia Argentina. Y de nuevo me ha sorprendido con una trama sólida, bien narrada y con personajes que están todo muy bien perfilados. Además , en esta ocasión hay mucha denuncia en este libro. Una denuncia contra todos aquellos personajes que abusan de la buena fe, de las desgracias ajenas, de las creencias de cada persona. 

Hace muy fácil y adictiva la lectura de este libro el hecho de que los capítulos son siempre cortos y siempre está sucediendo algo. El ritmo que le impone el autor a la trama es trepidante desde el principio. A esto ayuda que son pocas las descripciones que encontramos en esta novela. Abunda el diálogo y a través de ellos conocemos de forma directa a los personajes. Y al tener más presencia el diálogo, el lenguaje empleado es muy sencillo, coloquial, lo que hace que resulte muy ligera la lectura de esta novela.

 Además, nos encontramos con dos historias que van avanzando de forma paralela. Por un lado tenemos a Ricardo Varela, profesor universitario que dedica su tiempo libre a desenmascarar a farsantes. Se le presentará la oportunidad de vengar la muerte de su amigo a manos del Cacique de San Julián y no la desaprovechará, aunque ponga en riesgo su propia vida. La otra trama estará protagonizada por el pastor Maximiliano, quien recorre todo el país "sanando" a muchas personas gracias al poder divino...  Seremos testigos de cómo se producen estas "curaciones" y todo el negocio que mueve detrás. Un negocio muy lucrativo, por desgracia... Y poco a poco estas dos tramas irán avanzando y acercándose hasta llegar a un mismo camino. Y nos deja un desenlace, a pesar de previsible, trepidante, que va a hacer que no podamos soltar el libro hasta llegar al final. 

 En definitiva, Cazador de farsantes es un buen thriller que combina a la perfección aventuras y acción. Si os gusta el género, esta novela os va a durar poco en las manos.


martes, 22 de septiembre de 2015

Ronda de sorteos!!!

Entre mis libros y yo celebra su tercer aniversario con un tentador sorteo.
Plazo: Hasta el 2 de octubre
Bases: aquí.









Pero Qué Locura deLibros sortea tres ejemplares de El castillo de Luis Zueco.
Plazo: Hasta el 30 de septiembre
Bases: aquí.









Laky de Libros que hay que leer, Albanta de Adivina quién lee y Lectora de Tot de Momentos de silencio compartido  nos traen un nuevo sorteo y lectura conjunta. 
Plazo: Hasta el 25 de septiembre
Bases: aquí







El búho entre libros y Leyendo en el bus sortean las dos primeras novelas de la serie Harry Hole.
Plazo: Hasta el 27 de septiembre
Bases: aquí




Un lector indiscreto sortea un ejemplar de la novela Interregno de José Vicente Pascual.
Plazo: Hasta el 30 de septiembre
Bases: aquí.








Plazo: Hasta el 18 de octubre
Bases: aquí

¡¡¡Suerte a tod@s!!!


lunes, 21 de septiembre de 2015

Leemos el Quijote (2º parte): Capítulo LIII y capítulo LIV

http://bourbonstreet-porlomenix.blogspot.com.es/2015/01/reto-en-2015-leemos-el-quijote.html


Capítulo LIII:

Este capítulo se inicia con una reflexión sobre el rápido paso del tiempo:
''Pensar que en esta vida las cosas della han de durar siempre en un estado es pensar en lo escusado; antes parece que ella anda todo en redondo, digo, a la redonda: la primavera sigue al verano, el verano al estío, el estío al otoño, y el otoño al invierno, y el invierno a la primavera, y así torna a andarse el tiempo con esta rueda continua; sola la vida humana corre a su fin ligera más que el tiempo, sin esperar renovarse si no es en la otra, que no tiene términos que la limiten''. Esto dice Cide Hamete, filósofo mahomético; porque esto de entender la ligereza e instabilidad de la vida presente, y de la duración de la eterna que se espera, muchos sin lumbre de fe, sino con la luz natural, lo han entendido; pero aquí, nuestro autor lo dice por la presteza con que se acabó, se consumió, se deshizo, se fue como en sombra y humo el gobierno de Sancho.
Y aquí vemos ya como Sancho se cansa de ser gobernador. No encuentra ningún momento de descanso, de respiro, de felicidad. Y, para colmo, en este capítulo no tiene más remedio que luchar... Bueno, luchar... Más bien poco. Que el pobre lo advierte, pero, como siempre, no le hacen caso.
-¿Qué me tengo de armar -respondió Sancho-, ni qué sé yo de armas ni de socorros? Estas cosas mejor será dejarlas para mi amo don Quijote, que en dos paletas las despachará y pondrá en cobro; que yo, pecador fui a Dios, no se me entiende nada destas priesas.

-¡Ah, señor gobernador! -dijo otro-. ¿Qué relente es ése? ármese vuesa merced, que aquí le traemos armas ofensivas y defensivas, y salga a esa plaza, y sea nuestra guía y nuestro capitán, pues de derecho le toca el serlo, siendo nuestro gobernador.

-ármenme norabuena -replicó Sancho.

Y al momento le trujeron dos paveses, que venían proveídos dellos, y le pusieron encima de la camisa, sin dejarle tomar otro vestido, un pavés delante y otro detrás, y, por unas concavidades que traían hechas, le sacaron los brazos, y le liaron muy bien con unos cordeles, de modo que quedó emparedado y entablado, derecho como un huso, sin poder doblar las rodillas ni menearse un solo paso. Pusiéronle en las manos una lanza, a la cual se arrimó para poder tenerse en pie. Cuando así le tuvieron, le dijeron que caminase, y los guiase y animase a todos; que, siendo él su norte, su lanterna y su lucero, tendrían buen fin sus negocios.

-¿Cómo tengo de caminar, desventurado yo -respondió Sancho-, que no puedo jugar las choquezuelas de las rodillas, porque me lo impiden estas tablas que tan cosidas tengo con mis carnes? Lo que han de hacer es llevarme en brazos y ponerme, atravesado o en pie, en algún postigo, que yo le guardaré, o con esta lanza o con mi cuerpo.

-Ande, señor gobernador -dijo otro-, que más el miedo que las tablas le impiden el paso; acabe y menéese, que es tarde, y los enemigos crecen, y las voces se aumentan y el peligro carga.

Por cuyas persuasiones y vituperios probó el pobre gobernador a moverse, y fue dar consigo en el suelo tan gran golpe, que pensó que se había hecho pedazos. Quedó como galápago encerrado y cubierto con sus conchas, o como medio tocino metido entre dos artesas, o bien así como barca que da al través en la arena; y no por verle caído aquella gente burladora le tuvieron compasión alguna; antes, apagando las antorchas, tornaron a reforzar las voces, y a reiterar el ¡arma! con tan gran priesa, pasando por encima del pobre Sancho, dándole infinitas cuchilladas sobre los paveses, que si él no se recogiera y encogiera, metiendo la cabeza entre los paveses, lo pasara muy mal el pobre gobernador, el cual, en aquella estrecheza recogido, sudaba y trasudaba, y de todo corazón se encomendaba a Dios que de aquel peligro le sacase. 
Y es en este momento cuando decide volver a su antigua vida, con don Quijote. Abandona esa vida de gobierno, que tan ingrata ha sido, para volver a una vida libre de responsabilidades, para volver a la vida que conoce, para volver a ser libre.
...se fue a la caballeriza, siguiéndole todos los que allí se hallaban, y, llegándose al rucio, le abrazó y le dio un beso de paz en la frente, y, no sin lágrimas en los ojos, le dijo:

-Venid vos acá, compañero mío y amigo mío, y conllevador de mis trabajos y miserias: cuando yo me avenía con vos y no tenía otros pensamientos que los que me daban los cuidados de remendar vuestros aparejos y de sustentar vuestro corpezuelo, dichosas eran mis horas, mis días y mis años; pero, después que os dejé y me subí sobre las torres de la ambición y de la soberbia, se me han entrado por el alma adentro mil miserias, mil trabajos y cuatro mil desasosiegos.
Eso sí, no se va sin soltar otra frase sabia, que encierra mucha crítica. Y que por desgracia, demuestra que los que gobiernan, siempre han sido iguales, sea en la época que sea.
 Vuestras mercedes se queden con Dios, y digan al duque mi señor que, desnudo nací, desnudo me hallo: ni pierdo ni gano; quiero decir, que sin blanca entré en este gobierno y sin ella salgo, bien al revés de como suelen salir los gobernadores de otras ínsulas.
Capítulo LIV:

En este capítulo hay una breve presencia de don Quijote pero el protagonista sigue siendo Sancho, a quien acompañamos en su camino de regreso. Durante éste, se encontrará con seis peregrinos tudescos, que le pedirán limosna. Terminará Sancho reconociendo en uno de ellos a un vecino suyo. Y aprovechará Cervantes esta ocasión para mostrar un poco la realidad social de su época.
-«Bien sabes, ¡oh Sancho Panza, vecino y amigo mío!, como el pregón y bando que Su Majestad mandó publicar contra los de mi nación puso terror y espanto en todos nosotros; a lo menos, en mí le puso de suerte que me parece que antes del tiempo que se nos concedía para que hiciésemos ausencia de España, ya tenía el rigor de la pena ejecutado en mi persona y en la de mis hijos. Ordené, pues, a mi parecer como prudente, bien así como el que sabe que para tal tiempo le han de quitar la casa donde vive y se provee de otra donde mudarse; ordené, digo, de salir yo solo, sin mi familia, de mi pueblo, y ir a buscar donde llevarla con comodidad y sin la priesa con que los demás salieron; porque bien vi, y vieron todos nuestros ancianos, que aquellos pregones no eran sólo amenazas, como algunos decían, sino verdaderas leyes, que se habían de poner en ejecución a su determinado tiempo; y forzábame a creer esta verdad saber yo los ruines y disparatados intentos que los nuestros tenían, y tales, que me parece que fue inspiración divina la que movió a Su Majestad a poner en efecto tan gallarda resolución, no porque todos fuésemos culpados, que algunos había cristianos firmes y verdaderos; pero eran tan pocos que no se podían oponer a los que no lo eran, y no era bien criar la sierpe en el seno, teniendo los enemigos dentro de casa. Finalmente, con justa razón fuimos castigados con la pena del destierro, blanda y suave al parecer de algunos, pero al nuestro, la más terrible que se nos podía dar. Doquiera que estamos lloramos por España, que, en fin, nacimos en ella y es nuestra patria natural; en ninguna parte hallamos el acogimiento que nuestra desventura desea, y en Berbería, y en todas las partes de áfrica, donde esperábamos ser recebidos, acogidos y regalados, allí es donde más nos ofenden y maltratan. No hemos conocido el bien hasta que le hemos perdido; y es el deseo tan grande, que casi todos tenemos de volver a España, que los más de aquellos, y son muchos, que saben la lengua como yo, se vuelven a ella, y dejan allá sus mujeres y sus hijos desamparados: tanto es el amor que la tienen; y agora conozco y experimento lo que suele decirse: que es dulce el amor de la patria. Salí, como digo, de nuestro pueblo, entré en Francia, y, aunque allí nos hacían buen acogimiento, quise verlo todo. Pasé a Italia y llegué a Alemania, y allí me pareció que se podía vivir con más libertad, porque sus habitadores no miran en muchas delicadezas: cada uno vive como quiere, porque en la mayor parte della se vive con libertad de conciencia. Dejé tomada casa en un pueblo junto a Augusta; juntéme con estos peregrinos, que tienen por costumbre de venir a España muchos dellos, cada año, a visitar los santuarios della, que los tienen por sus Indias, y por certísima granjería y conocida ganancia. ándanla casi toda, y no hay pueblo ninguno de donde no salgan comidos y bebidos, como suele decirse, y con un real, por lo menos, en dineros, y al cabo de su viaje salen con más de cien escudos de sobra que, trocados en oro, o ya en el hueco de los bordones, o entre los remiendos de las esclavinas, o con la industria que ellos pueden, los sacan del reino y los pasan a sus tierras, a pesar de las guardas de los puestos y puertos donde se registran. Ahora es mi intención, Sancho, sacar el tesoro que dejé enterrado, que por estar fuera del pueblo lo podré hacer sin peligro y escribir o pasar desde Valencia a mi hija y a mi mujer, que sé que está en Argel, y dar traza como traerlas a algún puerto de Francia, y desde allí llevarlas a Alemania, donde esperaremos lo que Dios quisiere hacer de nosotros; que, en resolución, Sancho, yo sé cierto que la Ricota mi hija y Francisca Ricota, mi mujer, son católicas cristianas, y, aunque yo no lo soy tanto, todavía tengo más de cristiano que de moro, y ruego siempre a Dios me abra los ojos del entendimiento y me dé a conocer cómo le tengo de servir. Y lo que me tiene admirado es no saber por qué se fue mi mujer y mi hija antes a Berbería que a Francia, adonde podía vivir como cristiana.»

 

domingo, 20 de septiembre de 2015

La bicicleta robada de James Preller


A quien se le ocurre robar la chatarra que Rafa utiliza como bicicleta y ni siquiera tocar la superbici que está al lado! El detective Nino Puzle, en este nuevo caso, tendrá que vérselas con una banda de arrogantes patinadores.

Es éste el cuarto libro de esta colección que tiene como protagonista a un niño, Paulino, pero al que todo el mundo conoce como Nino o Puzle. Es un niño que está en tercero de primaria y que se dedica, junto a su amiga Mila, a resolver los  misterios, robos, desapariciones que suceden a su alrededor.

En esta ocasión tendrá que investigar el robo de la bicicleta de su amigo Rafa. Veremos como Nino y Mila irán investigando hasta dar con el ... ¿culpable?

Muy fácil de leer y totalmente adictivos para los pequeños de la casa, que se convierten en detectives durante un rato y también van juntando las pistas para dar con el responsable del robo. Además, tiene unas ilustraciones preciosas que hacen que la lectura sea mucho más agradable. Ideal para lectores de 6 a 8 ó 9 años.

Otros títulos de la colección son: El detective disfrazado, Un bromista invisible, El monstruo goloso, La moneda desaparecida...

viernes, 18 de septiembre de 2015

La luz que no puedes ver de Anthony Doerr

Anthony Doerr
Traductores: Carmen Cáceres y Andrés Barba
Suma de Letras, 2015
Marie-Laure vive con su padre en París, cerca del Museo de Historia Natural, donde él trabaja como responsable de sus mil cerraduras. Cuando, siendo muy niña, Marie-Laure se queda ciega, su padre le construye una perfecta miniatura de su barrio para que pueda memorizarla gracias al tacto y encontrar el camino a casa. A sus doce años, los nazis ocupan París y padre e hija tienen que huir a la ciudad amurallada de Saint-Malo. Con ellos se llevan la que podría ser la más preciada y peligrosa joya del museo.
En una ciudad minera de Alemania, el joven huérfano Werner crece junto a su hermana pequeña, cautivado por una rudimentaria radio que ambos encuentran. Werner se convierte en un experto en construir y reparar estos aparatos cruciales para los nuevos tiempos, un talento que no pasa desapercibido a las Juventudes Hitlerianas.
Siguiendo al ejército alemán, Werner deberá atravesar el corazón en guerra de Europa. Hasta que en la última noche antes de la liberación de Saint-Malo los caminos de Werner y Marie-Laure por fin se crucen. Y sus vidas cambien para siempre.
 Tengo debilidad por las historias ambientadas en la II Guerra Mundial. Así que este libro se convirtió, desde que salió, en un libro que tenía que leer, sí o sí. Pero a medida que iba leyendo reseñas, mi miedo iba creciendo. Todas eran muy buenas y las expectativas cada vez estaban más altas. Temía la decepción. Pero no. Cuando empecé a leerlo me olvidé de todo: de reseñas, de expectativas, de opiniones... Sólo me dejé llevar por una historia que, sin recurrir al dramatismo y a la lágrima fácil, está llena de sensibilidad, de emociones, de sensaciones... 

Me dejé llevar de la mano de dos personajes entrañables a los que vemos crecer a lo largo de la novela. Dos niños que se ven obligados a crecer rápidamente por culpa de los horrores de la guerra. Aunque los dos pertenezcan a bandos diferentes. 

Marie-Laurie es una niña ciega que se ve obligada a abandonar París cuando los alemanes están a punto de ocupar la ciudad. Su vida dará un giro radical. Huirá junto a su padre a Saint-Malo. Un padre que siempre había estado a su lado, cuidándola, protegiéndola, preocupándose por proporcionarle las armas suficientes para ser autónoma en esta vida, a pesar de su ceguera. Junto a Marie-Laurie, sabremos cómo se enfrentó Francia a la ocupación. Conoceremos lo que es el miedo, el odio, la desesperación, la desconfianza, porque nunca sabes quién podrá traicionarte... Y también conoceremos a personajes, también entrañables, que siempre estarán dispuestos a luchar, a pesar del miedo. 

El otro gran protagonista es Werner, un joven alemán. Por ser huérfano, está condenado a trabajar en las minas de carbón cuando cumpla 15 años. Pero él no quiere, porque en esas mismas minas murió su padre. Será su inteligencia y el talento innato que demuestra a la hora de reparar radios lo que le aleje de ese destino. Pero le acercará a otro más cruel. Será alistado. Y junto a Werner conoceremos los brutales métodos empleados por los nazis para arrebatarles a sus jóvenes soldados su inocencia, su infancia... Todo con el único fin de convertirles en auténticas máquinas de matar, sin conciencia, sin emociones. 

Marie-Laurie y Werner, dos personajes que ven como los horrores de la guerra están a punto de destruir su humanidad, están a punto de acabar con su cordura.  Pero ambos encontraran dos cosas que les permitirá no caer, no sucumbir: la radio y Julio Verne. Y será la radio y Julio Verne lo que propicie su breve encuentro. Un encuentro que iniciará el desenlace de la novela. Un desenlace que, como toda la historia, está contado con una sensibilidad exquisita, que te deja con las emociones a flor de piel. 


miércoles, 16 de septiembre de 2015

El dedo índice de mi mano izquierda de Luis Miguel Morales

El dedo índice de mi mano izquierda.
Luis Miguel Morales Peinado
En Amazon

Un dedo… cómo va a tener vida propia un dedo… Cuando es tu dedo índice (y de la mano izquierda) el que escribe, ocurre lo que ocurre...
 Disfruté del anterior libro de relatos del autor, La sombra de las horas, y he vuelto a disfrutar con éste. El dedo índice de la mano izquierda de Luis Miguel Morales nos regala historias diversas, que giran en torno al amor, al desamor, a la soledad, las esperanzas, las ilusiones, los sueños... Y tampoco se olvida de señalar, con ironía, con tristeza, con rabia, todos los aspectos negativos de esta sociedad en la que nos ha tocado vivir. Hay mucha crítica en este libro. Mucha crítica e inconformismo. Aquí se plasma la personalidad del autor. Aquí demuestra éste su rebeldía, su enfado ante este país que parece no querer despertar ante tantas injusticias y atropellos. 

Y de nuevo Luis Miguel Morales me ha demostrado que tiene mucho talento para contar historias. Porque no es fácil escribir relatos. Decir tanto en tan pocas líneas. Crear una historia completa a la que, indudablemente, no le sobra nada. Pero tampoco le falta. Sabe perfilar con pocas palabras sus personajes, personajes a los que llegamos a coger cariño. Sabe atraparnos con sus historias, a veces, muy reales, a veces, fantásticas, y casi siempre, sorprendentes. Sobre todo por el quiebro final que les da a todas ellas. 

Y no solo tiene talento el autor para los relatos y los microrrelatos, sino que también se atreve con la poesía. Y también lo hace bien. No destaca como en los otros géneros, pero aprueba y no con un suficiente. Sabe emplear bien las palabras, sabe combinarlas, jugar con ellas para que nosotros entremos también en el juego. 

Sí, he disfrutado mucho con la lectura de este libro. Con sus historias, cotidianas unas, surrealistas otras, pero que van calándote poco a poco y van haciendo que te dé pena llegar a las últimas páginas del libro. Porque quieres más ...

lunes, 14 de septiembre de 2015

Leemos el Quijote (2º parte): Capítulo LI y capítulo LII

http://bourbonstreet-porlomenix.blogspot.com.es/2015/01/reto-en-2015-leemos-el-quijote.html


Capítulo LI:

Sigue Sancho sorprendiendo a todos por las sabias decisiones que está tomando durante su gobierno. Cuando se le presentan casos complicados, siempre recuerda las palabras de don Quijote.
-Señor, un caudaloso río dividía dos términos de un mismo señorío (y esté vuestra merced atento, porque el caso es de importancia y algo dificultoso). Digo, pues, que sobre este río estaba una puente, y al cabo della, una horca y una como casa de audiencia, en la cual de ordinario había cuatro jueces que juzgaban la ley que puso el dueño del río, de la puente y del señorío, que era en esta forma: "Si alguno pasare por esta puente de una parte a otra, ha de jurar primero adónde y a qué va; y si jurare verdad, déjenle pasar; y si dijere mentira, muera por ello ahorcado en la horca que allí se muestra, sin remisión alguna". Sabida esta ley y la rigurosa condición della, pasaban muchos, y luego en lo que juraban se echaba de ver que decían verdad, y los jueces los dejaban pasar libremente. Sucedió, pues, que, tomando juramento a un hombre, juró y dijo que para el juramento que hacía, que iba a morir en aquella horca que allí estaba, y no a otra cosa. Repararon los jueces en el juramento y dijeron: ''Si a este hombre le dejamos pasar libremente, mintió en su juramento, y, conforme a la ley, debe morir; y si le ahorcamos, él juró que iba a morir en aquella horca, y, habiendo jurado verdad, por la misma ley debe ser libre''. Pídese a vuesa merced, señor gobernador, qué harán los jueces del tal hombre; que aun hasta agora están dudosos y suspensos. Y, habiendo tenido noticia del agudo y elevado entendimiento de vuestra merced, me enviaron a mí a que suplicase a vuestra merced de su parte diese su parecer en tan intricado y dudoso caso.
(...) -Venid acá, señor buen hombre -respondió Sancho-; este pasajero que decís, o yo soy un porro, o él tiene la misma razón para morir que para vivir y pasar la puente; porque si la verdad le salva, la mentira le condena igualmente; y, siendo esto así, como lo es, soy de parecer que digáis a esos señores que a mí os enviaron que, pues están en un fil las razones de condenarle o asolverle, que le dejen pasar libremente, pues siempre es alabado más el hacer bien que mal, y esto lo diera firmado de mi nombre, si supiera firmar; y yo en este caso no he hablado de mío, sino que se me vino a la memoria un precepto, entre otros muchos que me dio mi amo don Quijote la noche antes que viniese a ser gobernador desta ínsula: que fue que, cuando la justicia estuviese en duda, me decantase y acogiese a la misericordia; y ha querido Dios que agora se me acordase, por venir en este caso como de molde.
 Además, recibe una carta de don Quijote en la que éste sigue dándole sus buenos consejos. Y siguiendo estos, Sancho da una serie de órdenes para el buen gobierno de su ínsula. Así, decide establecer una ley por la que se prohíbe la reventa de los alimentos básicos y autoriza el libre comercio, siempre controlado:
Cerró la carta el secretario y despachó luego al correo; y, juntándose los burladores de Sancho, dieron orden entre sí cómo despacharle del gobierno; y aquella tarde la pasó Sancho en hacer algunas ordenanzas tocantes al buen gobierno de la que él imaginaba ser ínsula, y ordenó que no hubiese regatones de los bastimentos en la república, y que pudiesen meter en ella vino de las partes que quisiesen, con aditamento que declarasen el lugar de donde era, para ponerle el precio según su estimación, bondad y fama, y el que lo aguase o le mudase el nombre, perdiese la vida por ello.
También impone una ley por la que pretende controlar los precios de los productos y los salarios, y también impone otras normas para preservar las buenas costumbres.
Moderó el precio de todo calzado, principalmente el de los zapatos, por parecerle que corría con exorbitancia; puso tasa en los salarios de los criados, que caminaban a rienda suelta por el camino del interese; puso gravísimas penas a los que cantasen cantares lascivos y descompuestos, ni de noche ni de día. Ordenó que ningún ciego cantase milagro en coplas si no trujese testimonio auténtico de ser verdadero, por parecerle que los más que los ciegos cantan son fingidos, en perjuicio de los verdaderos. 
Y también persiguió al pícaro que pretendía vivir del engaño:
Hizo y creó un alguacil de pobres, no para que los persiguiese, sino para que los examinase si lo eran, porque a la sombra de la manquedad fingida y de la llaga falsa andan los brazos ladrones y la salud borracha. En resolución: él ordenó cosas tan buenas que hasta hoy se guardan en aquel lugar, y se nombran Las constituciones del gran gobernador Sancho Panza.

Capítulo LII:

En este capítulo expresa don Quijote su deseo ya de partir del castillo para buscar nuevas aventuras. Pero antes de comunicárselo a los duques, se presentarán ante él dos mujeres completamente enlutadas, llorando, pidiéndole ayuda.
-Días ha, valeroso caballero, que os tengo dada cuenta de la sinrazón y alevosía que un mal labrador tiene fecha a mi muy querida y amada fija, que es esta desdichada que aquí está presente, y vos me habedes prometido de volver por ella, enderezándole el tuerto que le tienen fecho, y agora ha llegado a mi noticia que os queredes partir deste castillo, en busca de las buenas venturas que Dios os depare; y así, querría que, antes que os escurriésedes por esos caminos, desafiásedes a este rústico indómito, y le hiciésedes que se casase con mi hija, en cumplimiento de la palabra que le dio de ser su esposo, antes y primero que yogase con ella; porque pensar que el duque mi señor me ha de hacer justicia es pedir peras al olmo, por la ocasión que ya a vuesa merced en puridad tengo declarada. Y con esto, Nuestro Señor dé a vuesa merced mucha salud, y a nosotras no nos desampare. 
 Y nuestro caballero no dudará en ayudarlas, aunque también reprende a la hija por su comportamiento.
-Buena dueña, templad vuestras lágrimas, o, por mejor decir, enjugadlas y ahorrad de vuestros suspiros, que yo tomo a mi cargo el remedio de vuestra hija, a la cual le hubiera estado mejor no haber sido tan fácil en creer promesas de enamorados, las cuales, por la mayor parte, son ligeras de prometer y muy pesadas de cumplir; y así, con licencia del duque mi señor, yo me partiré luego en busca dese desalmado mancebo, y le hallaré, y le desafiaré, y le mataré cada y cuando que se escusare de cumplir la prometida palabra; que el principal asumpto de mi profesión es perdonar a los humildes y castigar a los soberbios; quiero decir: acorrer a los miserables y destruir a los rigurosos. 
(...) -Pues con ese seguro y con buena licencia de vuestra grandeza -replicó don Quijote-, desde aquí digo que por esta vez renuncio a mi hidalguía, y me allano y ajusto con la llaneza del dañador, y me hago igual con él, habilitándole para poder combatir conmigo; y así, aunque ausente, le desafío y repto, en razón de que hizo mal en defraudar a esta pobre, que fue doncella y ya por su culpa no lo es, y que le ha de cumplir la palabra que le dio de ser su legítimo esposo, o morir en la demanda.
Tras esto, viene lo mejor de este capítulo, las dos cartas que Teresa, la mujer de Sancho Panza, ha escrito, una para la duquesa y otra para su marido. Dos cartas en las que Cervantes logra plasmar de forma perfecta el habla campesina del siglo XVII. 
Mucho contento me dio, señora mía, la carta que vuesa grandeza me escribió, que en verdad que la tenía bien deseada. La sarta de corales es muy buena, y el vestido de caza de mi marido no le va en zaga. De que vuestra señoría haya hecho gobernador a Sancho, mi consorte, ha recebido mucho gusto todo este lugar, puesto que no hay quien lo crea, principalmente el cura, y mase Nicolás el barbero, y Sansón Carrasco el bachiller; pero a mí no se me da nada; que, como ello sea así, como lo es, diga cada uno lo que quisiere; aunque, si va a decir verdad, a no venir los corales y el vestido, tampoco yo lo creyera, porque en este pueblo todos tienen a mi marido por un porro, y que, sacado de gobernar un hato de cabras, no pueden imaginar para qué gobierno pueda ser bueno. Dios lo haga, y lo encamine como vee que lo han menester sus hijos. 
Las palabras de Teresa para expresar su alegría, su sorpresa, cuando se entera de que su marido es gobernador no pueden ser más claras y explícitas.

Tu carta recibí, Sancho mío de mi alma, y yo te prometo y juro como católica cristiana que no faltaron dos dedos para volverme loca de contento. Mira, hermano: cuando yo llegué a oír que eres gobernador, me pensé allí caer muerta de puro gozo, que ya sabes tú que dicen que así mata la alegría súbita como el dolor grande. A Sanchica, tu hija, se le fueron las aguas sin sentirlo, de puro contento. El vestido que me enviaste tenía delante, y los corales que me envió mi señora la duquesa al cuello, y las cartas en las manos, y el portador dellas allí presente, y, con todo eso, creía y pensaba que era todo sueño lo que veía y lo que tocaba; porque, ¿quién podía pensar que un pastor de cabras había de venir a ser gobernador de ínsulas? Ya sabes tú, amigo, que decía mi madre que era menester vivir mucho para ver mucho: dígolo porque pienso ver más si vivo más; porque no pienso parar hasta verte arrendador o alcabalero, que son oficios que, aunque lleva el diablo a quien mal los usa, en fin en fin, siempre tienen y manejan dineros. Mi señora la duquesa te dirá el deseo que tengo de ir a la corte; mírate en ello, y avísame de tu gusto, que yo procuraré honrarte en ella andando en coche.
Y el modo en que le comunica todo lo acontecido en el pueblo, no tiene desperdicio. 
Las nuevas deste lugar son que la Berrueca casó a su hija con un pintor de mala mano, que llegó a este pueblo a pintar lo que saliese; mandóle el Concejo pintar las armas de Su Majestad sobre las puertas del Ayuntamiento, pidió dos ducados, diéronselos adelantados, trabajó ocho días, al cabo de los cuales no pintó nada, y dijo que no acertaba a pintar tantas baratijas; volvió el dinero, y, con todo eso, se casó a título de buen oficial; verdad es que ya ha dejado el pincel y tomado el azada, y va al campo como gentilhombre. El hijo de Pedro de Lobo se ha ordenado de grados y corona, con intención de hacerse clérigo; súpolo Minguilla, la nieta de Mingo Silvato, y hale puesto demanda de que la tiene dada palabra de casamiento; malas lenguas quieren decir que ha estado encinta dél, pero él lo niega a pies juntillas.

Hogaño no hay aceitunas, ni se halla una gota de vinagre en todo este pueblo. Por aquí pasó una compañía de soldados; lleváronse de camino tres mozas deste pueblo; no te quiero decir quién son: quizá volverán, y no faltará quien las tome por mujeres, con sus tachas buenas o malas.

Sanchica hace puntas de randas; gana cada día ocho maravedís horros, que los va echando en una alcancía para ayuda a su ajuar; pero ahora que es hija de un gobernador, tú le darás la dote sin que ella lo trabaje. La fuente de la plaza se secó; un rayo cayó en la picota, y allí me las den todas.

Espero respuesta désta y la resolución de mi ida a la corte; y, con esto, Dios te me guarde más años que a mí o tantos, porque no querría dejarte sin mí en este mundo.

domingo, 13 de septiembre de 2015

La fábrica de nubes de Jordi Sierra i Fabra

En un país llamado Pampelum, existe una fábrica de nubes. Y allí trabaja Plub, el principal protagonista de esta historia. Es el pintor de nubes y el encargado de la fábrica. Él pinta las nubes. ¿Cómo las pinta? Pues blanca, negras, grises... Hasta que un día se queda sin pintura... Pero los encargos están hechos. Él no puede dejar al país sin nubes. Así que toma una apresurada decisión: pintar las nubes de colores. Y así pinta nubes verdes, rojas, lilas, rosas... A rayas, con lunares, con círculos... 

Pero... ¿Gustará esta decisión a los habitantes del país? ¿Y Blam, el dueño de la fábrica? ¿Estará conforme?
 
Para descubrirlo habrá que leer esta magnífica historia que conquistará a los peques. Porque al menos a la mía la conquistó en su momento. Y se rió mucho pensando en cómo serían esas nubes de colores. 
 
Un libro sencillo, ligero y muy fácil de leer. Ideal para los niños entre los seis y los nueve años como mucho. Y si tenéis un espíritu infantil, os aseguro que lo pasaréis bien leyendo este libro junto a ellos.

viernes, 11 de septiembre de 2015

Cometas en el cielo de Khaled Hosseini

Cometas en el cielo
Khaled Hosseini
Traducción: Isabel Murillo Fort
Salamandra, Colección Letras de Bolsillo
Sobre el telón de fondo de un Afganistán respetuoso de sus ricas tradiciones ancestrales, la vida en Kabul durante el invierno de 1975 se desarrolla con toda la intensidad, la pujanza y el colorido de una ciudad confiada en su futuro e ignorante de que se avecina uno de los periodos más cruentos y tenebrosos que han padecido los milenarios pueblos que la habitan.
Cometas en el cielo es la conmovedora historia de dos padres y dos hijos, de su amistad y de cómola casualidad puede convertirse en hito inesperado de nuestro destino.
Obsesionado por demostrarle a su padre que ya es todo un hombre, Amir se propone ganar la competición anual de cometas de la forma que sea, incluso a costa de su inseparable Hassan, un hazara de clase inferior que ha sido su sirviente y compañero de juegos desde la más tierna infancia. A pesar del fuerte vínculo que los une, después de tantos años de haberse defendido mutuamente de todos los peligros imaginables, Amir se aprovecha de la fidelidad sin límites de su amigo y comete una traición que los separará de forma definitiva. Así, con apenas doce años, el joven Amir recordará durante toda su vida aquellos días en los que perdió uno de los tesoros más preciados del hombre: la amistad.
Aún no me había estrenado con Khaled Hosseini. Tantas reseñas positivas me hacían sentir algo de temor. Imposible no tener muy altas las expectativas. Y tras acercarme a esta obra no solo puedo decir que las ha cumplido, sino que las ha superado y bien superado. 

Con esta novela me he enfadado, me he emocionado, me ha puesto un nudo en la garganta, he llorado... Y cuando he cerrado definitivamente el libro, he sentido pena de despedirme de sus personajes. Personajes perfilados con tanto mimo y que me han hecho sentir tantas cosas... Ays, Amir, que no pude evitar enojarme contigo en algunos momentos del libro... Ays, los celos, la envidia, ¡qué malos son!  Porque tú no eras malo. Sólo querías que tu padre se fijara en ti. No comprendías por qué su atención se centraba en Hassan si tan solo era un sirviente. Aunque fuera tu mejor amigo. Pero esos celos, esa envidia... Te llevarían a cometer un acto del que te arrepentirías toda tu vida. 

Ays, Hassan... ¿Por qué tenías que ser tan absolutamente perfecto? Por qué no podías enojarte con Amir, por qué no te enfadabas ante su conducta egoísta, mimosa y caprichosa... Siempre tuviste que mostrarte fiel, obediente, sumiso... Hasta el final. 

Y aunque me enfadé con Amir, también le comprendí. Sólo quería brillar para su padre, pero parecía que nunca alcanzaba las metas que éste le había puesto. Sus gustos eran otros, sus inclinaciones, otras. Y a su padre le costó comprenderle. En cambio, Hassan parecía cumplir todas sus expectativas. Si se hubiera sabido... Pero no. Tendremos que llegar al final del libro para comprender mejor la actitud de todos los que integran esta historia. Un final inmejorable, lleno de emoción y sentimientos, de esperanza y optimismo. 

Sin lugar a dudas, una de las mejores lecturas del año.

miércoles, 9 de septiembre de 2015

El café de Qúshtumar de Naguib Mahfuz,

El café de Qúshtumar
Naguib Mahfuz,
Editorial Planeta

Ya en su vejez, Táher, Sádiq, Ismael y Hamada se reúnen para contarse qué ha sido de sus vidas. Con sus experiencias contemplamos el retrato amable y hasta burlón de la historia de El Cairo y Egipto desde principios del siglo XX hasta nuestros días.

Quien ha hecho la sinopsis, o no se ha leído el libro o no ha sabido dar con las palabras precisas para resumir esta historia. Porque en esta novela Naguib Mahfuz nos relata la vida de cuatro amigos, que lo son desde la infancia y que seguirán siéndolo cuando ya sean ancianos. No se produce reencuentro. ¡Si no han dejado de verse en todos esos años! Nunca fallarán a su cita diaria en el café de Qúshtumar, donde quedarán para charlar, para hablar de sus vidas, de sus problemas, y también para hablar de los problemas del país. Porque son tantos los años que esta novela abarca, que asistiremos a los distintos cambios que sufre Egipto en todo este tiempo: su independencia de Inglaterra, la constitución de su monarquía, la revolución del 52, la guerra de los seis días, el asesinato del presidente Anwar al-Sadat... El talento que demuestra el autor para resumir tanta historia en tantas pocas páginas y hacerlo además de forma amena, sin aburrir en ningún momento, es innegable. Nos podrá interesar más o menos, pero las páginas fluyen solas. Y veremos como nuestros protagonistas viven esos cambios cada uno de forma distinta. Porque cada uno tiene su forma de pensar, su propia ideología, pero se respetan. No hay reproches, hay diálogo.

Porque si destaca por algo este libro es por ser un hermoso canto a la amistad. Una amistad a prueba de bombas, una amistad que nunca se rompe, que nunca falla, que ayuda a superar todos los problemas. 

Sobresale también la prosa de Mahfuz. Una prosa sencilla, natural, serena... Esto es lo que transmite esta novela durante su lectura: absoluta serenidad. Posiblemente la misma serenidad que el autor tendría en sus últimos años de vida y que supo plasmarla de forma hermosa en esta novela. Quizás no sea su mejor obra, pero su lectura ha sido para mí todo un placer. 

martes, 8 de septiembre de 2015

Estos días leo...#2

Recién comenzados tengo estos dos libros y ya en las primeras páginas me están atrapando. Pero no puedo leer mucho, que luego me miran con malos ojos los libros de las opos...

Publio Cornelio Escipión, conocido por el apodo de Africanus, era considerado por muchos el heredero de las cualidades militares atribuidas a su padre y a su tío. Pero de ellos no sólo había recibido estos magníficos atributos, sino también algunos enemigos, entre otros Asdrúbal, el hermano de Aníbal, y el general púnico Gi scón, quienes harían lo posible por acabar con su enemigo y masacrar sus ejércitos. Los enemigos también acechaban en Roma, donde el senador Quinto Fabio Máximo, en una jugada maestra, obliga a Escipión a aceptar la demencial tarea de liderar las legiones V y VI que permanecían desde hacía tiempo olvidadas en Sicilia. Así, según creía el senador, lograría deshacerse del último de los Escipiones. Pero otro era el destino de las legiones malditas que, de la mano de Africanus, lograrían cambiar un capítulo de la historia.





 En Valladolid capital un matrimonio joven hereda un piso antiguo, propiedad de la madre de él, deciden hacer algunas reformas y, al derribar un armario empotrado, los albañiles encuentran el cadáver, ya momificado, de un hombre de mediana edad.
El inspector Alfredo Vega debuta en la investigación criminal con un caso donde las pruebas se han diluido con el transcurso del tiempo, el cadáver aparece sin documentación ni signos de violencia y, como única pista, porta el recorte de un anuncio de periódico en uno de los bolsillos de su pantalón vaquero: "ama de casa sale de compras de 9 a 12 a.m", reza el texto.
El caso se complica para el inspector Vega debido a que la anterior propietaria alquilaba la vivienda sin contrato ni constancia legal, de tal manera que tres tandas de estudiantes, un agente de seguros y una joven pareja la habitaron en distintas etapas a lo largo de los últimos diez años. Todos ellos son posibles sospechosos, sólo uno será identificado como la víctima: el agente de seguros Joaquín Perea Martínez.
Intereses económicos, prostitución, homosexualidad y violencia de género..., ingredientes que salpimentarán un thriller donde nada es lo que parece.
Y vuestras lecturas, ¿cuáles son?

lunes, 7 de septiembre de 2015

Leemos el Quijote (2º parte): Capítulo XLIX y capítulo L

http://bourbonstreet-porlomenix.blogspot.com.es/2015/01/reto-en-2015-leemos-el-quijote.html


Capítulo XLIX:

Sancho sigue sorprendiendo con la sensatez que parece demostrar gobernando su ínsula.
"...y no se burle nadie conmigo, porque o somos o no somos: vivamos todos y comamos en buena paz compaña, pues, cuando Dios amanece, para todos amanece. Yo gobernaré esta ínsula sin perdonar derecho ni llevar cohecho, y todo el mundo traiga el ojo alerta y mire por el virote, porque les hago saber que el diablo está en Cantillana, y que, si me dan ocasión, han de ver maravillas. No, sino haceos miel, y comeros han moscas."
Este capítulo es un fiel reflejo de la sociedad de la época. Una época de crisis económica, al no haberse sabido administrar todo el oro procedente de América. Una época en la que los labradores empiezan a aspirar a poder vivir igual que los ricos. Sancho es un ejemplo de esto. Una época en la que el juego es ya un problema. Y donde hay gente que quiere aprovecharse del trabajo o de la suerte de otros.

-Lo que se ha de hacer es esto -respondió Sancho-: vos, ganancioso, bueno, o malo, o indiferente, dad luego a este vuestro acuchillador cien reales, y más, habéis de desembolsar treinta para los pobres de la cárcel; y vos, que no tenéis oficio ni beneficio y andáis de nones en esta ínsula, tomad luego esos cien reales, y mañana en todo el día salid desta ínsula desterrado por diez años, so pena, si lo quebrantáredes, los cumpláis en la otra vida, colgándoos yo de una picota, o, a lo menos, el verdugo por mi mandado; y ninguno me replique, que le asentaré la mano.
 Desembolsó el uno, recibió el otro, éste se salió de la ínsula, y aquél se fue a su casa, y el gobernador quedó diciendo:

-Ahora, yo podré poco, o quitaré estas casas de juego, que a mí se me trasluce que son muy perjudiciales.

-Ésta, a lo menos -dijo un escribano-, no la podrá vuesa merced quitar, porque la tiene un gran personaje, y más es sin comparación lo que él pierde al año que lo que saca de los naipes. Contra otros garitos de menor cantía podrá vuestra merced mostrar su poder, que son los que más daño hacen y más insolencias encubren; que en las casas de los caballeros principales y de los señores no se atreven los famosos fulleros a usar de sus tretas; y, pues el vicio del juego se ha vuelto en ejercicio común, mejor es que se juegue en casas principales que no en la de algún oficial, donde cogen a un desdichado de media noche abajo y le desuellan vivo. 
También hay cierta crítica a la mujer que no se conforma y quiere ver mundo....

-No se ha perdido nada -respondió Sancho-. Vamos, y dejaremos a vuesas mercedes en casa de su padre; quizá no los habrá echado menos. Y, de aquí adelante, no se muestren tan niños, ni tan deseosos de ver mundo, que la doncella honrada, la pierna quebrada, y en casa; y la mujer y la gallina, por andar se pierden aína; y la que es deseosa de ver, también tiene deseo de ser vista. No digo más.

Capítulo L:

Descubrimos quienes fueron quienes apalearon a nuestro pobre don Quijote y a la dueña. No fueron otras que  la duquesa y Altisidora, quienes se enfadaron cuando vieron que la dueña se estaba yendo de la lengua.

La duquesa, para seguir con la burla, le encarga al paje que ya anteriormente había hecho de Dulcinea,  que acuda al pueblo de Sancho para presentarse ante Teresa, su mujer, con una carta en la que alababa los méritos de Sancho como gobernador  y unos regalos. Lo cierto es que Sancho está sorprendiendo a todos. Creían que iban a poder burlarse tranquilamente de él, por su analfabetismo e incultura. Pero él, utilizando su lógica, su sabiduría popular y su fe cristiana, está demostrando ser un gobernador justo. 

A través de Teresa también conoceremos cómo era la vida en el pueblo. Y también nos sorprenderá, como Sancho, por el uso de abundantes refranes.
-Yo no puedo creer sino que todos los deste linaje de los Panzas nacieron cada uno con un costal de refranes en el cuerpo: ninguno dellos he visto que no los derrame a todas horas y en todas las pláticas que tienen.

sábado, 5 de septiembre de 2015

Una gran iniciativa: El árbol de los libros



Llevo viendo esta iniciativa El árbol de los libros, iniciada por Rustis y Mustis, desde hace unos días, pero como últimamente estoy pero no estoy, no terminaba de animarme. Pero al final me he dejado tentar, que luego me arrepiento. Así que ahora me toca buscar seis familias a las que les apetezca participar en esta cadena que lo que pretende es que los niños reciban libros que puedan leer y disfrutar.

¿Y en qué consiste esta iniciativa?  Está muy bien explicada en la carta que recibes cuando te apuntas, que es ésta. 


Los libros no tienen que ser buenos, pero sí estar en buen estado. Además, en la carta que recibes aparece la edad del niño o la niña a quien debes hacer tu envío, por lo que es más fácil elegir un libro que le pueda gustar.

 Si quieres apuntarte o recibir más información,  contacta conmigo a través de la dirección de email garita73@gmail.com.  ¡Animaos!!!

viernes, 4 de septiembre de 2015

Mary, Mary de James Patterson

Mary, Mary 
James Patterson
Ediciones B, 2006
 
Una alta ejecutiva de Hollywood es asesinada en el escenario de una película. Pronto, lo que parece ser un crimen aislado se revela como un eslabón más de una escalofriante cadena.

Arnold Griner, redactor de Los Angeles Times, comienza a recibir e-mails firmados por una tal Mary Smith en los que, en primera persona, se relata con morboso detalle cada uno de los asesinatos cometidos.

El agente del FBI Alex Cross tendrá que interrumpir sus vacaciones familiares para enfrentarse a este nuevo caso.
 
Mary, Mary es la típica lectura de verano. No es de esos libros que vayas a recordar días después de haberlo leído, pero te va a entretener bastante mientras estás con él. 
 
Resulta muy adictivo, sobre todo porque está escrita en capítulos muy cortos y siempre estás con la cosita de leer un capítulo más. Además, otro punto a su favor, es el modo en que está contada la historia. Por un lado, conoceremos a Alex Cross y veremos cómo avanza la investigación a su lado, una investigación en la que él, por motivos personales, no querrá participar, pero se verá obligado a intervenir. Por otro, tenemos la trama contada desde el punto de vista del asesino o asesina. Éste es uno de los grandes atractivos de este libro. En estos capítulos nos va descubriendo el carácter de este peculiar criminal, pero poco a poco, sin revelarnos quién es. Y es que no conoceremos su identidad hasta el final. Lo que es otro acierto del libro. Aunque también es otro de sus fallos, porque no son muchas las pistas que da y cuándo nos revela quién es, no estaremos muy convencidos. Al menos en mi caso, me ha parecido que casi se lo ha sacado de la manga y no lo ha justificado muy bien. 

En los capítulos protagonizados por el agente del FBI, Alex Cross, casi tiene más importancia su vida personal que la investigación en sí. Una vida familiar complicada, con un divorcio de por medio, con ganas de rehacer su vida con otra persona pero con los inconvenientes de un trabajo que no conoce de horarios. Y con una exmujer que, a ratos, parece como el perro del hortelano, ni come ni deja comer...

En lo referente a la parte de la investigación, me ha faltado más desarrollo. Me ha parecido que el autor estaba más preocupado por darle realismo a sus personajes y se ha volcado más en su vida familiar, descuidando esta parte. No me ha resultado convincente y el desenlace no ha terminado de convencerme. Precipitado y no muy bien hilvanado. 

En definitiva, una novela para leer en estos días de playa o de piscina. Se disfruta y se olvida en cuanto empiezas un nuevo libro.